martes, 17 de julio de 2007

Y DESPUÉS...

Miré asombrado a todos lados y no reconocí el recinto. Me acerqué a la ventana y al abrir el postigo, el paisaje no era el del jardín de casa, sino que al fijar mis ojos al frente, divisé un muro muy alto y sombrío. Abrí la puerta y salí al pasillo. No me resultaba nada familiar y cuando llegué al final, una reja de hierro me cerraba el paso. Grité y me desesperé. Al cabo de un rato que me pareció interminable, se asomó un hombretón con bata blanca, diciendo: “Señor, no grite que los demás enfermos se intranquilizan, si vuelve a perder el control, tendremos que ponerle más calmantes y dejarle aislado en la celda de castigo, será mejor para usted, que obedezca y pronto volverá a la sala rosa”. Lo último que recordaba, es que estuve en una fiesta en casa de mis sobrinos, que salí a tomar el fresco cuando me sentí mal, y después… nada.

Nani. Julio 2007.

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2 comentarios:

  1. :( Que angustia me ha inspirado, hace ponerse en situación de lo que les sucede a muchas de estas personas enfermas. Me ha pasado como cuando vi "El diario de Noah"

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  2. Son relatos, nada más.
    Muchas gracias por tu lectlura.
    Besos

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LA PUERTA ABIERTA Y LA LUZ TENUE... PASA.