Imagen subida de la red
Ella
observa y sonríe. No fue siempre así a pesar de que hubo momentos que la
sonrisa se le congelaba. A veces no hubo respeto, ni cariño. Sí obligaciones y
poco tiempo. Cuando un día se miró al espejo no sé reconoció. Las coletas las
cambió por melena que más tarde recogió en un moño y el día que quiso fijarse,
encontró una señora que no reconocía. Se detuvo y encontró el lunar del labio
superior, era el suyo solo que ahora se había acomodado en una arruga. Por
inercia había empezado a depilar comisura y mentón, pero todo fue algo que ni
se lo planteó. El día que no se reconoció le preguntó a la mujer reflejada en
el azogue, si era la que creía y está afirmó. Le contó que había pasado mucho
tiempo y que no tuvo tiempo de mimarse ni cuidarse. A partir de ahí tuvo un
sube y baja de ánimo, pero como siempre lo sufrió en silencio. Más tarde
decidió ser ella misma la que hablara con esa otra y consiguió hacerse amiga y
fundirse en un abrazo y ser única y exclusiva. Ahora sabe que fue la vida que
le tocó, con o sin razón y caminan de la mano, sin rencores y con una sonrisa
distinta. Ahora sabe cual es su prioridad y sabe que no debe hacer ni aceptar. Su
mirada es distinta. Su caminar el otro y, sobre todo, su despertar la lleva al
dar los buenos días a la mujer del espejo.
Nani, julio 2026

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