Recuerdos
que cuelgan de las paredes
como
versos en chorreones
o
palabras que declaman la dura soledad,
el
olvido de lo que ya no es,
y
la tristeza convertida
en
lo que llaman decepción,
reptando
por las baldosas,
los
tabiques centenarios de las casitas perdidas
en
los más recónditos lugares
que
hoy llaman pueblos vaciados.
©Nani
Canovaca


