jueves, 4 de junio de 2026

ASESINATO Nº 13

 



Collage artístico de Nina Barnini.

¿Cómo era aquello que dijo alguien, que por el humo se sabía donde hubo fuego? No sé si fue así o por lo menos parecido…

Pues eso, que esta mañana me he encontrado una colilla de cigarrillo que estaba aún caliente, como la persona que yacía al lado, con una herida en la frente. Bueno una herida no, más bien un agujero por donde penetró una bala del calibre vaya usted a saber cuál y a decir verdad, no era un agujero sino más bien el cráter del Vesubio o semejante y por ello, como comenzaba diciendo, donde hay humo…, aquí hay un cadáver y necesariamente no hay que ser Agatha Christie o Hercule Poirot, para saber que ha habido un asesinato y que alguien ha disparado, o lo que es lo mismo: “Ha habido un crimen”. ¿Pero quién puede haberlo llevado a cabo y qué motivo puede tener un individuo para hacer una cosa tan horripilante y darse a la fuga como si nada? Además, no me creo que la colilla de cigarrillo fuera del asesino y la dejara, así como así, si el muerto no fumaba y todo estaba cuando llegamos calentito. ¿Ha querido implicar a otra persona, una fémina por ejemplo? Porque parece que el cigarrillo tiene marcas de calmil, lo que me hace sospechar que es una falsa pista y juegan o juega al despiste.

En fin, tengo que reconocer que estoy tan despistada como un caracol en un espejo, pero que habrá que averiguar quién disparó y a quién llevar a la trena.

Mientras tanto vienen a levantar el cadáver y se cumple el protocolo reglamentario, voy a ver que encuentro por este coqueto pisito de solterón encubierto, porque tengo entendido que este era su nidito para las escapadas que hacía el susodicho cadáver, hasta hace un ratito que era un señor de esos que tienen mandanga y que su señora esposa ni idea tenía. Aunque pensándolo bien, lo mismo tengo que empezar a investigar a su santa mujer a la que todos tenemos una cierta lástima y en los altares. Santo el muerto no era, pero su señora…, habrá que averiguarlo


Nani, junio 2026

lunes, 1 de junio de 2026

SI SE PAGA...

 


Sus textos serán insufribles el día que los termine. No cabe duda de que su léxico es intachable. Su narrativa de las mejores que he encontrado, así como su imaginación insuperable. Hace volar la imaginación y te elevas a su ritmo, pero hay algo que hace que me caiga de bruces con él y todo su equipo. Cuando más entusiasmado estoy, encuentro faltas de ortografía garrafales y aunque la editorial le haga una corrección magnífica, los ojos a mí particularmente ya se me salieron como si en ellos hubiera un muelle de feria y colgaran sobre mis pómulos.

 

Nani, junio 2026

sábado, 23 de mayo de 2026

SIEMPRE HAY UN MONSTRUO



 Ilustración de Vorja Sánchez 

¿Te acuerdas cuando vivíamos en el cortijo de la Cueva Verde? Allí fuimos felices y vivimos aventuras que nuestros hijos difícilmente puedan repetir. Ahora las cosas son distintas, todos llevamos demasiada prisa, ni tenemos tiempo de mirar el cielo o las cimas de los tajos. Entonces hacíamos expediciones y una de ellas era ir a descubrir cuevas lejanas, húmedas y en otras encontramos flechas y cuchillos de sílex, algunas cuentas de hueso y trozos de vasijas. Todo ello lo llevamos aquel día a casa y cuando se enteraron las autoridades, porque alguien contó más de la cuenta, no las pidieron y ya no las vimos más, se las llevaron al museo de Madrid o eso nos dijeron, aunque como me olí que aquello no lo veríamos más, me guardé una flecha. Vale, son patrimonio de la humanidad esas cosas, pero entonces era mi descubrimiento o el nuestro ¿Te acuerdas de que la tenía en la caja que mamá me preparó para que guardara mis secretos? Y allí sigue, junto a un lazo de la trenza de Angelitas y la medallita escapulario que me regaló la abuela en mi primera comunión. Sí, sé que dije a mamá que la había perdido cuando ya tenía doce años y me daba vergüenza ponérmela porque decían los chicos que eso era cosa de chicas, pero le tengo mucho cariño y ahí está. Qué bobos somos a veces cuando estamos creciendo. Sé que te estás preguntando a qué viene todo esto que te cuento. Me lo ha recordado esa nube que se ve a través del cristal de la ventana. ¿Ves? Parece un oso de peluche. Aquella que entonces veíamos desde el cortijo era distinta y nos daba un poco de miedo. Nos parecía una cara observando lo que hacíamos y como se posaba sobre los tajos y en ellos crecían unos ramajes en ciertas épocas del año, los mayores decían que era la melena y la barba del emisario del tío Benito que todo lo dominaba en el entorno. Que se llevaba a los niños que se portaban mal y también a las jóvenes que desobedecían a sus padres cuando les encontraban un novio y les organizaban una boda en contra de los deseos de ellas. Todas esas cosas pasaban y la verdad es que los niños nos manteníamos más o menos a raya. Después fue el hombre del saco el que hacía desaparecer a los niños y más tarde, los que ofrecían caramelos a la salida del colegio. Siempre había un monstruo rondando a los pequeños y adolescentes. Siempre había un temor al que debíamos tenerle mucho respeto, pero a mí el que me gustaba era el emisario o cotilla del tío Benito. Tenía cara de bonachón y sus melenas y barba, eran tan naturales como las cuevas que de niños descubrimos. No niego que a veces tuve miedo, pero según crecimos, aquello era una caricatura. La realidad siempre se fue mostrando más monstruosa y desagradable. La realidad a veces es más dolorosa si tenemos delante de nuestras vidas un monstruo que no nos deja vivir. 

Nani, mayo 2026

LA CASA ENCENDIDA