Te
he dejado en la lavadora más voluminosa. Últimamente estás muy crecido y he
reservado la secadora que me han aconsejado deja los tejidos mucho más
esponjosos y suaves. He llevado de casa tu perfume y lo he puesto en lugar del
suavizante, sé que si no te pones tu perfume no eres tú. Desde que descubriste
ese intenso aroma, si no lo llevas te sientes inseguro y eso es lo que no deseo
por nada del mundo. El reinicio ha costado, quero ya vuelves a ser tú más o
menos, aunque del todo no, el tiempo no pasa en valde como decía el Genaro de
la aldea de al lado, pero eso es lo de menos todos nos vamos degenerando. La
piel se nos aja, se nos arruga como las chaquetas esas que nos vendieron como
lo mejor en tejido y color, pero que con el tiempo crean motas y se descoloren
por mucho mimo que les demos.
Cuando
terminó el programa, has pasado a la secadora y seguido has salido tan esponjoso
y perfumado que no me ha quedado otra que apretarte, olerte y abrazarte como si
no hubiera un mañana. Después nos hemos ido a casa y ya en la cama, he dejado
que descanses imaginaba que estarías destrozado después de dar tantas vueltas
en ese tambor enorme. Más tarde y cuando haya cenado, volveré y te colocaré en
la repisa de siempre y mientras me duermo o no, te admiraré y sabré que
seguirás acompañándome como siempre has hecho. Me da paz y alegría saberte ahí
enfrente vigilando mi duerme vela y más tarde, mi sueño profundo.
Nani,
mayo 2026

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