sábado, 4 de abril de 2026

SOY RURAL

 


Imagen subida de la red


El paisaje lo dice todo. La casa está medio derruida. Lo que era la salita o comedor e incluso cocina, hoy está cubierto de hierba que llega hasta casi lo que fue un poyete donde se fregaban los platos, se limpiaba la verdura obtenida un poco más abajo y el lugar donde se encendía el fuego que calentaba a toda la familia en las largas noches de heladas y lluvia persistente o nieve que cubría por entonces, hasta media pierna.

Hoy ya llueve menos, apenas nieva y la sequía se advierte. Los entendidos dicen que se debe al cambio climático, pero no hay que ser experto para apreciarlo. Un cambio que los llamados negacionistas no creen, tienen sus intereses, pero los que hemos vivido en estos parajes lo admitimos hace ya muchos años. Por eso entre otras muchas cosas, nos fuimos a la ciudad a trabajar en lo que se nos presentó. Pasé demasiado tiempo sirviendo copas, después entré en un taller y más tarde, en una fábrica donde continúo echando de menos la luz de mi tierra, los terrones y riscos y las papas recién obtenidas de esta tierra que ya no produce, sino pena y grietas. Una tierra que me cuesta identificar.

Ahora nos estamos planteando volver a vivir en este lugar que nos lo dio todo y nos vio crecer.

Después de esta horrible pandemia, la mayoría estamos con un trabajo precario y a las puertas del despido. Tengo el alma llena de nostalgia por mis tierras, hortalizas, animales y mis árboles; estos que se resisten a dejarnos a pesar de no haber sido regados y abrazados como nos enseñaron nuestros mayores. Nos mintieron y dijeron que nos inundaría el río, ya que estos terrones serían cubiertos por un pantano. Después, cuando ya nos hicieron salir, lo desviaron a otro sector que con igual pena sus habitantes dejaron esos lugares de labranza, sus casitas humildes pero cargadas de amor y sus arriates de alrededor, donde nuestras madres plantaban toda clase de flores para que tuviéramos color, aroma y alegría. Humilde siempre, pero con alegría, luz y color.

Desde que nos fuimos, hemos vuelto poco. No ha sido fácil salir adelante, dar alguna educación a nuestros hijos, alguno ha conseguido tener carrera y ese es el orgullo más grande para un padre, pero otros siguen intentando salir adelante. Trabajar como mulos, para que el beneficio sea de otros y también nuestra alegría que se queda por el camino. Cuando sacábamos papas o acelgas, sabíamos que era nuestra cosecha y a ella nos ateníamos. Era la naturaleza la que nos ofrecía o las inclemencias las que nos daba menos, pero no eran promesas que se quedaban por el camino, ni ilusiones que nunca se cumplían.

Ya para colmo, ni el campanario de la pequeña ermita del cerro se ve. Otra ruina más que duele, no solo por el valor histórico, sino por todo el fervor que nuestros mayores depositaron en ese lugar y en la Virgencilla que allí se veneraba. Me dijeron que la llevaron a la provincia, pero la cuestión es que ya ni se sabe dónde fue a parar.

Mis hijos al principio no querían ni oír hablar de venir a vivir al campo, ahora todos ellos me dicen que me ayudarán a levantar de nuevo la casa y que si lo que quiero es venirme a pasar mi jubilación aquí, así se hará, así que por lo menos tengo una nueva ilusión que no depende de jefes, promesas públicas que no llegan, sino de ver florecer de nuevo el girasol, un rosal y hacer de nuevo en otoño pan de higo con los frutos de la higuera; esos que aún están ahí esperando a ser recogidos con nuestras manos, secados en la entrada de la casa y vigilados para que no se mojen y lleguen a ser nuestros próximos desayunos o meriendas como fue siempre.

Tengo una ilusión de nuevo. ¡Quiero volver a casa!


#inteligencianatural

Nani, marzo 2026

 

viernes, 27 de marzo de 2026

NATURALES COMO LA VIDA MISMA

 



Ig @collage.absurdage de la artista Iuliia Shulga.

Nos pasó en varias ocasiones. Cuando fuimos a ayudar a nuestros padres y abuelos a recoger membrillos fue una de ellas. Siempre me retaba mi hermano Kiko y yo que era una osada, nunca me amilanaba. En aquella ocasión me dijo que el subiría a la rama más alta antes que yo y por supuesto, le seguí. Lo que no imaginamos es que una de las ramas se partió y estuvimos allí agarrados, colgados con el cuerpo al viento como un chorizo y casi desfallecidos hasta que nuestro padre nos echó de menos y nos buscó por toda la finca. Otro día nos pasó en la higuera buscando las brevas más maduras y en el nogal cuando tocó varear las nueces. Claro que nosotros no vareábamos, nosotros subíamos y a veces nos quedábamos en la rama más alta sin poder descender por vértigo, imposibilidad o por puro miedo. Pero lo más gracioso o humorístico por definirlo de alguna manera, es que los vecinos escucharon a nuestra madre decir una de aquellas veces que estábamos colgados y desde entonces el apodo por el que nos conocen en el pueblo y fuimos bautizados sin lugar a cambios, es el de “Los Colgados” y más natural es tomarlo a broma porque en realidad algo colgados en el sentido figurado hemos estado siempre. Pero no es ni más ni menos que somos unos vecinos más como lo son “Los Melones”, “Los Pepinos”, “Los Vinagre” o “Los Chocholocos”, por esparcir semillas, sembrar o tener semblate avinagrado y es que en algunos lugares y si son pequeños, solemos estar colgados, pero solemos ser sanos como las peras de agua que recogemos en verano y nos alegran la vida.

 

Nani, marzo 2026

martes, 24 de marzo de 2026

Y SIN PRECIO

 

 


Algo semejante a un alegre parpadeo colectivo fue extendiéndose entre los ciudadanos por las calles, pasando a la escuela, universidad, fabricas, redes y eventos en general. Lo pusieron de moda sin apenas darse cuenta los influencies. Las personas dejamos de mirar nuestros teléfonos, conseguimos mirarnos a los ojos y entendimos que nos habían mentido. Todo estaba en nuestras miradas y dejamos de tener miedo a los que decían cómo comportarnos. Los seres humanos aprendimos a reiniciarnos. Nos inmunizamos gracias a la vacuna de la mirada y la palabra. Y lo más importante fue que encontramos como defendernos de los vampiros de paz volviendo a amarnos.

 

Nani, marzo 2026

LA CASA ENCENDIDA