domingo, 4 de octubre de 2026

DEMASIADO RUÍDO AHÍ AFUERA

 



Imagen del artista Álex Bascuas titulada ¿«Anyone out there?»

 

Este fin de semana quería que fuera distinto. Les propuse a mi familia ir a visitar algún parque para disfrutar de las plantas, ver algunos animalitos normales de carne y hueso y dejar por unas horas de mirar pantallas que nos imponen situaciones y hechos que no son normales, ni naturales y que últimamente aceptamos con total franqueza, sin darnos cuenta que en todos esos programas que nos ofrecen hay un ruido tan enorme, que la cabeza nos la embota de tal manera, que no nos damos cuenta que poco a poco se nos va imponiendo odio camuflado, xenofobia, envidia y sentimientos antinaturales del ser humano.

Nos desplazamos en el autobús y vemos ahí en las calles de nuestras ciudades que también hay un zumbido que no entiendo. No puedo comprender que se patee a una persona que duerme sobre un cartón, por el hecho de ser una pobre criatura que no tienen a nadie en esos momentos duros ni adónde ir. No entiendo que algunos niños por el hecho de ser discapacitados, ser distintos por algo en particular o muchas veces por envidia se menosprecie a compañeros o chicos de familias distintas a las nuestras o eso creemos. Esa envidia o recelo que lo padres debemos gestionar para que entiendan nuestras criaturas que no se puede hacer bullís a otros semejantes, porque el respeto hacia el otro es lo único que nos define como humanos.

Necesito conectar con la naturaleza, las hormigas o las mariposas. El ruido realmente verdadero de la corriente de un río o un arroyo. Necesito dejar de escuchar el ruido que hacen los que nos quieren adormecer, para seguir siendo persona.

©Nani, octubre 2026

jueves, 1 de octubre de 2026

AZOGUE MALDITO



Hoy me ha tocado hacer zafarrancho en casa. Así lo llamaba mi madre cuando nos mandaba/sugería hacer la limpieza semanal y ahora sigo yo con esa misma tarea y palabra que me parece la más, para describir lo que significa sacudir, pasar la aspiradora, limpiar cristales y por supuesto, los espejos de la casa. Y he ahí donde surgió lo que vengo a contar. Limpiando el espejo del recibidor alguien estornudó. Sentí un repelús que el vello se me puso como las púas de Espinete porque estaba sola en casa, aunque más tarde supe que al pulsar el espray del bote perfumado de limpia todo, alguien que había tras el cristal azogado al percibir la humedad aromatizada, le produjo un rechazo, según me contaron hay seres alérgicos a los productos no naturales. Pues bien, al notar este extraño acontecimiento y superado el primer momento, me aparté con cierta premura de lo que estaba realizando, quedándome un poco apabullada y porqué no decirlo, asustada. Todo resultaba chocante, aunque acto seguido ya no percibía nada anormal y preferí seguir la tarea interrumpida pensando que mi imaginación me estaba jugando una mala pasada, así que proseguí con el trabajo interrumpido y al comenzar a secar el espejo, una mano tiró de mí y me introdujo medio cuerpo al otro lado. En el primer momento noté una luz extraña, no era ni oscura ni reluciente. Sí un algo opaco acompañado con un paisaje un poco mustio. Se veía un jardín raro, como cuando se deja un ramo de perejil en un vaso sin agua, lánguido, alicaído, casi como si estuviera mirando un cuadro de Dalí. No chorreaban relojes, pero sí las ramas de los árboles, las nubes y todo lo que por allí había. Así se veía lo que tenía al frente, aunque lo que más me impresionaba era esa mano que cogió la mía y que no me soltaba. Lo insólito era que solo distinguía una mano sin cuerpo al que debería pertenecer. Esta situación me creaba bastante malestar una vez superado el miedo del primer momento. Después vi pasar un par de zapatillas blancas que caminaban con cierta rapidez, una melena rubia sobre una cabeza que no supe si era femenina o masculina y de golpe, una pelota dirigida a mi propia cara que resultó ser un globo, pero que al impulso por esquivar el impacto, logré desprenderme de la mano que me tenía asida, sentándome de nalgas en el suelo con el consiguiente impacto volviendo todo poco a poco a su curso normal (bueno mis nalgas bastante doloridas prueba de que lo ocurrido no fue un sueño) y la certeza de que los espejos no los volvería a tocar en la vida, como mucho me reflejaría para retocarme pero estoy segura que siempre pensaré que algo pueda asomar en cualquier momento y por ello, hago un maquillaje rápido y a cierta distancia, me paso el cepillo, aliso el pelo y poco más. Desde ese día los espejos y yo, tenemos unas grandes diferencias y mucho respeto el uno por la otra, así que acabaré mirándome en el reflejo de un charco o en el escaparate de la tienda de Loly. No más impresiones producidas por el azogue maldito.

©Nani, octubre 2026

 

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

EN LA NUBE

 



Imagen de Erik Johansson, realizada sin usar IA en el proceso, titulada «Collecting inspiration».

Dicen que vivo en las nubes, que mi mundo es paralelo al de todo el mundo, pero no tengo la culpa de que en los setos de mi jardín crezcan nubes de algodón y no dé abasto a recogerlas, guardarlas en el cobertizo o dejarlas volar en libertad. Cuantas más quito, más crecen, aunque en el fondo me gusta estar entre ellas. Me acompañan en mis días más nublados. Con su blancura mis pensamientos se dulcifican, mis ideas fluyen y mis creaciones se derraman entre las hojas, mis dedos, mi día a día y cuando salgo a caminar por el surco del arroyo me acompañan o se dejan caer en el agua para que pase al otro lado sin que tenga que mojar los zapatos cuando hace frío. En verano me puedo permitir subir sobre ellas y navegar a lo largo del caudal más abundante de mi pequeño riachuelo, aunque grande mientras riega las verduras, los álamos y la cola de caballo que crece tanto que parece querer proteger ese cauce que nos acompaña, nos cuida y da razón a los que por aquí vivimos. En alguna ocasión cuando me he abrazado a alguna de mis bolas de algodón, ha comenzado a elevarse conmigo prendida como si se tratara de un alfiler y hemos volado junto a los gorriones, las golondrinas o los estorninos. He visto como desde arriba todo es diminuto y he creído crecer. Me he sentido poderosa, me lo proporcionaba la estabilidad que hacía sentirme segura, sabía que junto a mi nube nunca pasaría nada malo, por lo tanto, cómo no voy a estar en las nubes si es lo que me hace ser la que soy, la que entiende lo diminutos que somos cuando pisamos la tierra y lo insignificantes que nos vemos cuando nos pavoneamos mirando nuestro ombligo, ese que nos hace creer que somos algo importante, saliendo a flote el ego que nubla nuestro sentido. Por ello prefiero estar en las nubes, ellas me enseñan lo que soy y puedo conseguir, sin sobrepasar lo que no me corresponde ni es de mi propiedad.

©Nani, septiembre 2026

 

LA CASA ENCENDIDA