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jueves, 11 de agosto de 2011

PUERTA IZQUIERDA, PUERTA DERECHA


El dibujo se lo he cogido prestado a María Pan

¿Y me preguntas que aromas son los que me traen recuerdos y cuales son esos recuerdos que acompañan mis aromas?

Siempre que intento asociar ambas cosas me veo pequeña, muy pequeña y volviendo del colegio. Para entrar a casa podía hacerlo por dos sitios distintos, la puerta izquierda y la puerta derecha. La primera era la entrada del negocio de mi padre y la segunda el negocio de mi tío, pero ambas puertas daban entrada a la misma vivienda donde las dos familias compartíamos nuestras existencias, alegrías, penurias y el día a día; aunque lo que intentaba describir son esos aromas asociados a recuerdos y esos los percibía cuando entraba a casa. Si lo hacía por el negocio de mi tío, olía a engrudo, cuero y badana, cera, goma de ruedas viejas de coches y a cola. Allí encontraba al bonachón de mi tío, cosiendo zapatos, cortando albarcas para el trabajo de los campesinos, o pasando el cerote de manera concienzuda a los cabos de cáñamo hasta dejarlos finos, afilados y suaves para poder pasar por los agujeros que con la lerna hacía y así coser y unir el molde diseñado en el cuero y cortado con la cuchilla a la suela del zapato. Allí podía pasarme horas enteras mirándole. Era la paz y la ternura, sin prisas y sin que apenas se notara el transcurso de las horas, sin embarbo sucedía todo lo contrario si entraba por la puerta izquierda y negocio de mis padres. Había ruido y bullicio y lo primero que se percibía por los sentidos olfativos era el olor a cocido, potaje, calamares fritos, aceitunas, vino, vinagre y un sin fin de aromas entre mezclados y envueltos en ese alboroto de voces, tintinear del cristal de las botellas y los vasos, los platos entrechocar al recogerlos o al ir al fregadero de la cocina, donde mi madre y la persona que le ayudaba, se afanaban en freír pescado y arreglarlo al mismo tiempo, hacer el cocido o el potaje para que comiéramos con tiempo de volver al cole de nuevo y hacer un sin fin de trabajos que derramaban olores diversos, sabores distintos y texturas muy diferentes para que mi padre sirviera a la numerosa clientela.

Nani. Agosto 2011.



miércoles, 15 de abril de 2009

PROGRAMA DOBLE EN "EL PARQUE CINEMA"

Para tí SUSANA, que un día me isinuaste en un comentario, que te apetecía saber como eran esos programas dobles.

Pues sí, de la mano de mi hermano Jose (porque es el mayor) y al cuidado a mi vez de mi hermano Lito y después de mi hermana Mary, los domingos de dos y media a tres de la tarde, después de darnos nuestra madre un bocadillito de calamares fritos, con diez reales (por cabeza) en el bolsillo del mayor, nos dirigíamos al programa doble que daba el cine “Parque Cinema” y allí con toda la chiquillería del pueblo, jaleábamos al valiente de la película, insultábamos al malo o llorábamos a moco tendido, con las desgracias del pobre Joselito, Marisol o el prota de turno.

A veces, además de los diez reales por cabeza, conseguíamos una monedilla extra, y podíamos comer pipas de girasol o palomitas cuando instalaron a la entrada una máquina de aquellas que solo con el aroma, el jugo gástrico del estómago se alborotaba.

Y en aquellos programas dobles, disfruté de los actores de la “Metro-Goldwyn-Mayer” de la época de mi niñez, donde como anteriormente comentaba, aplaudíamos al valiente cuando llegaba a tiempo de rescatar a su amada o al pobre maltratado de turno, llorábamos con las penurias (del o de la) protagonista o cantábamos al compás de Joselito, Marisol o Rocío Dúrcal. Creíamos ser el pillastre que acompañaba las diabluras del pirata del parche y la pata de palo o soñábamos ser el que conquistaba algún territorio o descubría alguna isla perdida en los océanos más lejano. Y no era suficiente todo eso, sino que a veces fumábamos la pipa de la paz junto a “Pluma Roja”, galopábamos a pelo en el caballo de “Toro Salvaje”, vestíamos las chicas, alguna prenda de búfalo y llegábamos a calzar unos mocasines de aquellos que llevaban las chicas en las pelis de indios (como les solíamos llamar). Después supe que no eran ellos los malos, sino que los españoles y resto de europeos, fuimos los que llegamos a arrasar los países americanos y que no eran los indios los malos y los de uniforme los buenos, sino todo lo contrario, pero bueno, eso daría para otra conversación muy, pero que muy distinta.

A lo que iba, era a contar como era un domingo cualquiera en mi casa.

Por supuesto empezaba con la rompa limpia y más nueva, para ir a misa. Después si hacía buen día, una mañana en el parque si no había que ayudar en casa y más tarde, el bocacillito que antes decía nos daba mi madre, para que nos sirviera de tentempié, mientras disfrutábamos de ese programa doble de cine y en casa, nuestra madre llevaba aquella dura jornada de domingo en el bar que nos daba de comer.

Era una manera de quitar de debajo de los fogones a cuatro criaturas que lo único que hacían era reclamar la atención de una madre abnegada, que tenía las más duras jornadas en esos horarios. Los días de semana estaba el colegio, pero los domingos los parroquianos salían a tomar el aperitivo del domingo después de misa de doce y la cosa se ponía, como para tener a cuatro niños alrededor entre fogones, sartenes llenas de aceite ardiendo y ollas llenas de guisotes.

Y luego cuando volvíamos a las cinco y media o seis de la tarde, allí nos esperaba mamá con el arroz de los domingos, todos hambrientos y que deglutíamos con avidez. Era un arroz caldoso, hecho a base de despojos de gallina, bien aviados y limpios que sabían a gloria. Era el arroz caldoso más rico que nunca he comido, ni comeré. Era el arroz que el domingo mi madre hacía con todo el cariño del mundo, pero que para llegar a terminarlo, debía quitarnos de una posible quemadura en aquella minúscula cocina, donde todo era correr y la mejor forma de hacerlo, era enviarnos a aquel programa doble de los domingos que los niños del pueblo disfrutamos como nunca ninguno de esta época podrá imaginar. ¡Claro que supongo que eso lo pienso así, porque eran mis domingos!


Nani. Abril 2009.

jueves, 17 de julio de 2008

MANUEL LA MORENA

Con esta entrada, intento complacer a Mita y a Susana que me la han pedido y muy especialmente a Driada por su amabilidad.

Dedicarla a todos los biznietos, para que conozcan la obra de quién fue su bisabuelo y el encargo se lo dejo a Mariaphan, para que corra la voz a su hermano y todos sus primos.

Todos los que hemos nacido en Alcalá la Real cuando vamos desde el Paseo de los Álamos o en el sentido contrario para por ejemplo ir a ver a la Virgen, pasamos por el Llanillo en un sentido u otro, bien por la acera del Convento de las madres Dominicas o la acera de enfrente. Normalmente no reparamos en los edificios que componen nuestro patrimonio… ¡cómo siempre han estado ahí, como que ni los vemos!

A mí me pasa que cuando llego a un sitio y me encuentro delante de un edificio nuevo pero que además es antiquísimo, disfruto pasando mi mano por sus viejas piedras, deslizar mis dedos y tocar. Tocar pensando en las personas que diseñaron esos edificios, los construyeron y estuvieron allí día a día y piedra a piedra, acabaron edificando por ejemplo una Giralda en Sevilla, una catedral en Jaén, la Fortaleza de la Mota, Palacio Abacial o el antes mencionado Convento de las madres Dominicas y estos últimos no tenemos que ir lejos a visitarlos, sino que los vemos al recorrer El Llanillo por ejemplo.

De niña me encantaba pasar mis dedos y restregarlos (digo restregarlos y no pasarlos) en esas piedras viejas, cuando iba hacía el paseo o del paseo hacía mi casa. Los “restregaba” con fuerza y luego me los tocaba y los miraba. Las yemas de mis dedos se ponían brillantes y lisas. Era para mí como si se hubiera impregnado parte de aquellos ancestros que allí estuvieron y consiguieron que aquello llegara a ser lo que a mí me ha cautivado siempre.

De todas maneras, cuando paso por El Llanillo y parte central de nuestro pueblo, desde niña lo he hecho con cierto orgullo. Un orgullo que se quedaba entre esos edificios y yo, porque no solo los antes mencionados me producen esa satisfacción, sino muchos otros y por razones muy especiales, por ejemplo la esquina derecha de la calle Veracruz,






los Explosivos, la casa donde vivió siempre "Pepe la Tercia" (el compadre de mi madre, de mis tíos, primos y de boda del abuelo), esa casa que tiene un balcón precioso desde el que vimos pasar muchas procesiones, y que da frente justo a la boca-calle Alonso Alcalá, la esquina del Juego Pelota, frente al Compás de Consolación, en el mismo Juego Pelota la casa donde estuvo correos (esa casa que hay antes de llegar a la calle Espinosa), ¡cómo recuerdo aquella casa con su patio andaluz lleno de macetas, su fuentecita con una rana verde, donde vivía la tia Mª Teresa adonde me encantaba ir sobre todo en verano porque hacía mucho fresquito, porque en aquellas blancas escaleras de caracol, he jugado y sobre todo, he leído mis cuentos de hadas con Mª Paz, he encontrado el cariño de Tere (la comadre de mis hermanos) y su familia, y hay otra cosa más, esa casa como todas las anteriormente mencionadas, la de D. Luís Abril frente a las Escuelas de la Sagrada Familia (con esa forma arabesca), las ranas que había en el paseo y que eran unas fuentecitas en los laterales (hoy están cambiadas), hechas con ladrillos árabes o arrayanes y su ranas verdes, su chorro de agua en el centro, muchos otros edificios de nuestro Llanillo, calle Real, calle Veracruz, Alonso Alcalá, Santo Domingo (frente a la Cruz de la calle Rosa donde nací), el colegio de Cristo Rey donde yo estudié y que era igualito a la casa en donde vine al mundo y así, un montón que ya ni existen, yo exactamente no recuerdo y tampoco puedo demostrar, fueron construidas por alguien que los alcalaínos apenas unos cuantos, sabemos quién fue. Bueno, yo si sé quién fue aunque no le conocí ya que murió (como tantos españoles murieron de esa manera injusta que mueren los hombres en una guerra y más injustamente, en una guerra civil como fue la española), mucho antes de que yo naciera y por eso estoy hoy contando todo esto. Ese hombre, fue el padre de mi madre, de mis tíos y por lo tanto mi abuelo y abuelo de mis hermanos y todos mis primos.


¿Quién era este hombre?



Como he dicho ya, fue mi abuelo y todo lo que voy a contar son recuerdos. Son las cosas que mi madre me contaba de su adorado padre.

Aquel niño que nació en Alcalá la Real un día de diciembre de 1879, bautizado con el nombre de MANUEL e inscrito como MANUEL LÓPEZ RAMIÍREZ, comenzó de muy niño ayudando a su padre Juan de la Cruz y a sus tíos en las tareas de albañilería, acarreando el botijo para calmarles la sed y como demostró más tarde, fue un niño muy despierto que aprendió el oficio, sin descuidar sus estudios aunque primarios, de tal manera que pronto y muy joven ya supo dirigir sus propios edificios, diseñados por él mismo, dibujando sus propios planos, dibujos de decoración y un largo etcétera. Creativo y autodidacta, que, como dice mi primo Manolo, que conserva sendos libros de arquitectura, muy voluminosos, llegó a matizar y comentar con notas manuscritas del abuelo.

Colaboró con él D. Pedro Ríos, como delineante, que luego sería maestro de dibujo de tantos alcalaínos (a mí me tiró de las orejas en más de una ocasión, porque decía que no me parecía al abuelo, ni a mis hermanos con el lápiz y el papel) y que, merecidamente, hoy Alcalá honra su memoria dando su nombre a una calle.

A una temprana edad, formó una familia con la que fue mi abuela María teniendo con ella seis hijos, mi madre la penúltima de ellos, después y en segundas nupcias, tuvo a su último hijo que aún vive, pero que está muy malito para aportar datos, ni le recuerda ya que cuando el abuelo murió él era un bebé o un niño de corta edad.

Ahora dejo que los recuerdos sentimentales se evaporen un poco y voy a intentar hablar de lo que verdaderamente nos ocupa, que es la obra de este alcalaíno que supongo es lo que interesa al que ahora lea esta historia.

Según me contaba mi madre, fue un experto diseñando escaleras de caracol. Siempre he escuchado que diseñar y terminar una escalera es bastante difícil, pero si ya la queremos de caracol la cosa se complica y en la época en que mi abuelo desarrolló todo su ingenio, los avances técnicos que hay hoy no existían ni por un casual. Los planos los hacía a mano y a plumilla, utilizando tintas de varios colores, creo recordar que eran negro, azul y rojo, era yo muy pequeña cuando todo se quemó, pero eran cosas que significaban mucho para poderlas olvidar del todo (recuerdo una habitación bien grande, llena de rollos de planos), así como las fotos de tamaño enorme del abuelo, la abuela y resto de familia.

Cuando quedó viudo mi madre tenía tres años y ya, su padre era un hombre importante. Por entonces ya hacía edificios en nuestro Llanillo por ejemplo y por supuesto, las casas principales de todos los más pudientes del pueblo y alrededores, utilizando como medio de locomoción una mula bastante bien "plantá", según la recordaba su hija Encarnita (mi madre). Después, como ya su fama fue creciendo y demandado de otras ciudades más lejanas, aprovechó lo que la técnica de entonces ofrecía y junto a su amigo D. Luís Abril, adquirieron ambos los primeros coches de motor que hubo en la ciudad, siendo comprado en Granada el de mi abuelo (foto) y con matrícula nº 802, (esta información se





la tengo que agradecer a nuestro cronista oficial D. Domingo Murcia y a la señora “Ángela Morales”, que nos ha entregado esta foto y que estuvo en su poder hasta hace escasos días) y conducido por un chofer, muy leal y muy discreto y simpático, que llegó a destrozar 3 coches, un Fiat, un Buick y un Peugeot, por aquellas carreteras que nos dejó el General Primo de Rivera. Creo recordar le apodaban “Cabeza Hueca”, (un prenda debió ser a razón de dicho apodo). Así, empezó a ir a reconstruir iglesias gratuitamente y edificios importantes, como mejor promoción de sus habilidades en pueblos cada vez más alejados ya que su fama se iba difundiendo de boca en boca y la admiración por su trabajo, fue creciendo. De esa manera hizo casas con el típico patio andaluz utilizando arrayanes y mármol blanco, la típica fuente corriendo el agua todo el día y lo más importante, las fachadas del estilo de nuestro Llanillo.





(Ultramarinos del compadre, ahora ocupado por una tienda de ropa)




(Fachada completa de la casa de su compadre “Pepe La Tercia").

Llegando a dominar la Escalera de caracol (normalmente en mármol blanco) la técnica de estucado a fuego, imitación a mármol y el azulejo de tradición musulmana que usaba en zócalos y tímpanos de las que han quedado constancia en el Balneario de Frailes, Santa Ana, Martos, Almedinilla, Priego, Jaén, Cabra, Córdoba, Gran Vía de Granada e incluso llegó a tomar parte en la restauración de algunas de las bóvedas mozárabes de la Alhambra, Málaga, donde construyó 9 villas de las que sobreviven a la piqueta 2, una de ellas construida por encargo de su cuñado D. Rodrigo Muñoz Paredes, en la Huerta del Rincón, de Torremolinos, probablemente también la Casa Navajas, divisando en la playa del Bajondillo también en Torremolinos, donde tengo entendido quieren hacer un museo.

Mención aparte merece, Villanueva del Arzobispo, donde empezó arreglando la techumbre de la iglesia principal y terminó concluyendo el coro, y entre medias construyó ocho preciosas casas características de él. La primera se la encargó el Juez de Villanueva, que se conocieron en los baños de Marmolejo donde iban a reponerse las respectivas esposas. Era el abuelo un gran maestro albañil, pero debió ser también un gran relaciones públicas. De cualquier situación sacaba un encargo. Parece ser hizo sus mejores construcciones, entre ellas, una que incluía una reproducción del Patio de los Leones de la Alhambra. Los villanovenses están muy orgullosos de este patrimonio. Los mayores recuerdan que aquellas casas las construyeron unas cuadrillas de albañiles que viniendo de Alcalá la Real, a finales de los años 20, estuvieron trabajando varios años. Antecesores y parientes de Paco Rosales, el cura, estuvieron al frente de aquellas cuadrillas, y muchas otras ciudades que me resulta imposible recordar con exactitud, aunque según contaba mi madre, continuamente se desplazaba a Madrid, para además de informarse en las nuevas tendencias (Eclecticismo entre otras), ilustrarse visitando museos y comenzar a prodigarse cuando estalló la guerra civil.

Todas estas cosas las contaba mi madre con un orgullo y una satisfacción increíbles, pero el motivo es que al ser ella muy pequeña (por entonces también había muerto su hermana mayor) y quedar sola entre chicos, él prefería llevarla consigo. En las mañanas mientras él trabajaba y hacía sus gestiones, a la niña la dejaba en un colegio de monjas (en régimen de internado), para que prosiguiera sus estudios infantiles y luego en la tarde, la iba a recoger y visitaban juntos los museos, exposiciones y todos los eventos que a él le llevaban a la capital madrileña, por lo que era comprensible ese recuerdo tan fastuoso de mi madre: “Ninguna niña de la época (años 1925-1930), tenía ese privilegio”. Recuerdo con cuanta admiración, hablaba de la Exposición Iberoamericana de 1929 de Sevilla. Ella estuvo allí con él y en las mismas circunstancias (en régimen de internado durante todo el día menos por las tardes) que juntos recorrían pabellones, museos, edificios (tenía un recuerdo especial del “Parque de Mª Luisa”, debieron pasarlo muy bien allí) y todo lo que por entonces hubo en aquella feria de muestras, inaugurada por el Rey D. Alfonso XIII, y así, en tanto y tantos eventos a los que la llevó.

Pero bueno, voy a seguir con la figura del abuelo y su obra. Todo esto que ahora reflejo es lo que apareció en el programa de la Virgen de 1991 y el libro “ALCALÁ LA REAL, Patrimonio Arquitectónico y Urbano” y que fue posible a los recuerdos de todos mis hermanos y primos y por supuesto, el interés mostrado para estas publicaciones de Fco. Javier González que estuvo varias veces en casa (no le pude ofrecer sino tan solo recuerdos) y José Mª Rosales. En su día el cronista Domingo Murcia, Juan Cano Valverde y algunas personas más, que estuvieron muy interesados en su obra y no podían creer que en casa no hubiera nada, pero ya les dije a todos muchas veces, que fui testigo y artífice en cierto modo de la destrucción de todos los planos, objetos personales y fotos del abuelo. Un día cuando aún yo era muy pequeña, mi madre me pidió que la acompañara a la casa donde ella y yo nacimos, (la casa del abuelo en la calle Santo Domingo, frente a la Cruz). Fuimos y recogimos todos los rollos de planos (tuvimos que dar bastantes viajes), los objetos personales y todas las fotos. Parece que lo estoy reviviendo otra vez de nuevo y se me encoge el estómago y de nuevo el nudo ese que se hace en la garganta, vuelve a hacer de las suyas. Como decía, recogimos todo y en la casa donde vivíamos por entonces, mi madre abrió la mampara de una chimenea que había en una de las habitaciones antes de llegar al patio (creo que fue la única vez que se abrió aquella chimenea) y empezó a apilar rollos que yo le iba acercando, cuando le pareció que estaba bien llena le acercó una cerilla y a partir de ahí, todo se fue quemando (recuerdo la foto grande que había en el salón de la otra casa, era más grandota que yo) y como decía, fotos, planos y todo fue desapareciendo, mientras mi madre lloraba y lloraba (nunca he podido olvidar aquel llanto callado y dolido, nunca lo he olvidado ni lo podré olvidar, hoy aún me duele, ¡me duele mucho!, porque sé y sabía entonces aunque tenía muy poca edad, que con aquellas llamas se quemaba parte de mi herencia y de mi pasado, porque siempre supe que con aquellas llamas y el humo que desprendía, se iba algo que me pertenecía y que nunca ya tendría y eso…, eso ¡DUELE!

Sí, todos los alcalaínos y todas las personas cuando escuchan decir esto se confunden y se extrañan. ¿Por qué si mi madre que adoraba a su padre quemó todo lo que a él pertenecía?, la verdad es que aparentemente no tiene sentido pero se cansó de que hubiera personas que se aprovecharon de todos los objetos del abuelo y llegó el día que dijo: “¡Se acabo!” y con el fuego todo se terminó. Hubo personas muy cercanas que la quemaron (moralmente) a ella y de igual manera terminó con todo, pero eso sería otra historia.

Creo haber hecho una pequeña semblanza de quien fue ese hombre que llamaban “MANUEL LA MORENA” como recuerdo de un apellido de algún ancestro, “Sánchez de la Morena”, que apenas conocemos porque murió muy joven, con tanto hermoso por crear y por hacer, (a los 56 años) y como todas las personas que mueren en una guerra de forma injusta y sin sentido. Unos dicen que tenía mucho genio. El genio se le atribuye a que cuando sus trabajadores estaban construyendo y llegaba a ver como iba la obra que debía dirigir, si no le gustaba el trabajo realizado, se quitaba la chaqueta, se remangaba la camisa, cogía el pico y tiraba lo que habían hecho. Después reconstruía él mismo con sus manos lo que quería que se hiciera y que a la vez enseñaba como debía ser. Otras personas me han contado, que como además era el encargado de las obras del Ayuntamiento, cuando había falta de trabajo y no cobraban los albañiles, por las noches mandaba levantar una de las calles más anchas y largas de la ciudad (calle Real) y claro, por la mañana "nadie sabía que había pasado", por lo tanto lo que urgía era llamar a los parados para que aquello se arreglara. Pero destacó por una imparable ascensión social, hijo y nieto de modestos albañiles se codeó con la “creme de la creme”, no como el comparsa “piojo revivío” o nuevo rico útil porque paga las consumiciones y pasea en el coche, “Cabeza Hueca” al volante, sino como uno más y esto es lo sorprendente, mas aún imaginando a aquella Alcalá, del primer tercio del siglo pasado: Promovió con otros el Teatro Martínez Montañés, figuró en la escritura fundacional del Partido Liberal de Alcalá, con un buen puñado de muy respetados y respetables señores de aquel entonces, y creó mucho empleo y pagó muchos salarios en invierno con las obras paradas, y creó mucha belleza.

Como veis, aquí la polémica está creada, la envidia y los terribles desacuerdos y por lo tanto, el motivo parece ser de que fuera fusilado y que tampoco le conozcamos aunque desde el 11 de mayo de 2004 tiene en pleno concedida una calle, como reconocimiento simultáneo al también merecido por el alcalde Matmala, para ambos reconocimientos se recogieron gran número de firmas, también simultáneamente, pero parece ser que para el abuelo no ha habido ocasión de hacer efectivo aquel rancio acuerdo, por el que trabajó con denuedo, enfermo como estaba, D. Juan Cano Valverde, incansable valedor de la causa, que falleció sin ver materializado su logro, ¿será que aún quedan resquicios y dobles raseros de esa horrible guerra? ¿Hubo tomadura de pelo? Esa es una pregunta que me hago y que no sé responder, pero que creo se la haré algún día a mi alcaldesa, que me consta está al corriente del asunto.

NOTA: Sin la colaboración de mi primo Manolo, los datos aportados que son la mayoría y sus recuerdos, no hubiera sido posible esta “semblanza“, que me han pedido para que quede constancia de su obra en mi ciudad.

Gracias primo, sé que hoy tu hijo, tu padre, mi madre, el abuelo y resto de familiares como el tío Paco que con 15 años se fue a vengar la muerte de su padre y murió en la "Ciudad de la Luna" de frío, nos van a sonreír un poquito desde donde estoy segura están reunidos.


Nani Canovaca López y Manuel López Muñoz.

Fotos: Antonio J. Serrano Canovaca.

ALCALÁ LA REAL y MADRID. Julio 2008.

domingo, 24 de junio de 2007

LA FICCIÓN SUPERA LA REALIDAD, O ¿ERA LA REALIDAD LA QUE SUPERABA LA FICCIÓN?

Va por ti FERRARA y muchas gracias guapo.

Tetuán 1939. Diecinueve años llenos de vida. Tres llevaba en aquella bonita ciudad de Marruecos. La llevaron sus tíos a pasar unas vacaciones cuando estalló aquella horrorosa guerra civil, que le impedía por el momento, volver a reunirse con sus seres más queridos. Su padre y hermanos, habían quedado al otro lado del Mediterráneo, en una Andalucía, mal trecha por el odio, el hambre, la miseria y todo lo que acarrea una guerra sin sentido, que enfrenta a los hermanos, a los padres e hijos, a los vecinos y compañeros, convirtiendo hasta la arena del camino, en odio, rencor y muerte.Las comunicaciones eran escasas, pero confiaba en la protección de Dios para toda la familia. Todo se reducía, a escuchar las emisoras de radio, donde a veces se podía hacer una idea, de los avances de tropas, derrotas de los que se consideraban los enemigos y movimientos de un lado y de otro. De todas maneras, sus tíos procuraban mantenerla distraída y la tranquilizaban, para que su inquietud no fuera en aumento.Un día, cuando todo parecía llegar a su fin, y al volver del mercado árabe, le pareció reconocer a una señorita que caminaba en dirección contraria a la suya. Al encontrarse de frente las dos jóvenes, la expresión de incredulidad y de asombro, pasando a la sorpresa y alegría, fue...¡Tú eres...., y tú....!. La sonrisa y el abrazo compartido, se volvió sorpresa de nuevo, en la expresión de la recién llegada de la península.¿Pero no llevas luto?. Las palabras salieron de la boca de la forastera, de forma incontrolada, porque pronto se dio cuenta, que había cometido el mayor error de su vida. La residente en Marruecos, no sabía que su padre había sido fusilado por el bando contrario y que el hijo pequeño, en este caso, hermano de la asustada joven, había ido a vengar la muerte de su padre. Se alistó con quince años, para luchar en las más infernales condiciones, enfermando a los pocos meses, para dejar su vida, detenida en una cuneta a dos kilómetros, de su ciudad y del resto de familia.Llegó destrozada a casa de sus tíos. Estos al verla entrar, no tuvieron que decir nada. Antes o después, sabían que se enteraría. Ellos no habían tenido valor para comunicárselo en su día. La joven, no les pudo perdonar, hasta pasados muchísimos años.A partir de aquel momento, fue pasando por casa de un hermano, después de otro e incluso otros familiares. Una ciudad, otra y alguna más. Conoció el amor de algunos buitres, que olían la pequeña fortuna que les había quedado. Más tarde, aunque tuvieron que pasar al menos, nueve o diez años, decidió volver a su lugar de origen y enfrentarse con la realidad, de una vez por todas. No le fue fácil. Salió de allí, siendo casi una niña y teniendo una familia. Ahora, era toda una mujer y apenas quedaba algo de lo que ella dejó allí. Sólo objetos, recuerdos, enseres bastante valiosos, que los buitres de turno, familiares o no, les tenían puesto el ojo, para en el menor descuido, apoderarse de todo cuanto les fuera posible.Deseaba ser querida y formó una familia con un señor, que en cierto modo, le recordaba aquel padre, pero que sólo resultó ser, un hombre de la época y un poco de vuelta de todo.Crió los hijos que tuvieron con bastantes apuros, pero consiguió que fueran personas civilizadas. Un poco tristes, porque hay sentimientos que van impregnados en la leche que se mama, pero al fin y a la postre, políticamente y por llamarles de alguna manera, coherentes, educados, relativamente cariñosos y porqué no, normales, ¡a Dios gracias!.De todas maneras, la pena y la tristeza, aquella joven que marchó de vacaciones a Marruecos, no la superó y cuentan sus vástagos, que la nostalgia la llevó a muy temprana edad, a reunirse con aquellos que vio por última vez, un día cualquiera de 1936.

Nani. Junio 2007.

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