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martes, 16 de enero de 2024

PEDIR CON FUERZA

 


Las Cinco Palabras del mes de enero de PAFF,  para la Fundación CINCO PALABRAS, son:.

Barcos, oficina, magia, café y mujer.


Salía al porche y veía zarpar los barcos. Le daban unas ganas inmensas de pasar por la oficina de embarque. Cruzar mares. Recalar en los lugares que el abuelo narraba. Creer y hacer realidad la magia de sus palabras. Conocer los inmensos campos de café y las plantaciones de caña de azúcar dónde crecieron sus antepasados. Danzar como sus ancestros. Convertir en realidad aquellos deseos e ilusiones de las que hizo partícipe a los suyos.

Pensaron que eran fantasías de niña, pero cuando se convirtió en mujer, voló, navegó y realizó su sueño a pesar de las dificultades.


Nani, enero 2024

miércoles, 5 de mayo de 2021

JUBILADAS Y NADA

 




Relato publicado en la revista digital Valencia Escribe, Número 8.

Podéis leer la revista en el enlace siguiente:

https://www.yumpu.com/es/document/view/65580550/valencia-escribe-numero-8b


JUBILADAS y NADA

Hoy como todos los jueves tocaba cafelito. Es el ratito donde tomamos contacto para dar paso a nuestro encuentro del club de lectura. Quedamos todas las semanas en el bar del parque, para el café de la tarde y cada quince días procuramos comentar el libro acordado. En esta ocasión la lectura recomendada ha sido la novela «Nada» de Carmen Laforet; aunque en general hemos estado poco motivadas. La pobreza de la posguerra española, la burguesía y el franquismo que tanto escuchamos de boca de nuestros padres y abuelos, parecía  habernos puesto de acuerdo y el comentarlo no fluía, como en más de una ocasión ocurrió. ¡Ya nos conocemos y todas esperamos el momento idóneo, o bien simplemente, decir si nos ha gustado la lectura o no y pasar página como se suele decir!

De pronto, Mónica con su taza en la mano y el pensamiento y la mirada perdida en el bamboleo de la palmera que se mueve al ritmo de la brisa, comenta como si su voz saliera del fondo de un socavón:

─ Ayer vino mi vecina Dolores a casa. Llegó a dejarme el pasapurés que le había prestado y me comentó que estaba preocupada por su jubilación, ya que al ser viuda y no haber cotizado lo suficiente, lo mismo lo que le queda no alcanzará para cubrir gastos. No quiere ser una carga para alguna de sus hijas, a las que les viene todo justo. Sus maridos trabajan en la obra y en la restauración, así como ellas en lo que pueden, pero con sueldos tan míseros,  que incluso a veces ella ha tenido que ayudar en alguna que otra necesidad.

Amalia da un sorbo a su  café y comenta:

─ ¡Ufff, hay muchas clases de jubiladas! ¡Jubilados también, pero en este caso hablo de mujeres y jubiladas! Están las que estuvieron cotizando. Son privilegiadas porque pudieron prepararse y tuvieron un buen trabajo remunerado y por tanto, cotizado por parte del que contrata y de la contratada. Suelen quedarles un gratificante «júbilo», del que gozan. Se pueden permitir viajar, satisfacciones el resto de su vida, disfrutan de todo lo que les apetece e incluso, pueden favorecer a los suyos.

─ Están las jubiladas que tuvieron un trabajo y un sueldo que por los pelos, llegaba a poder cubrir necesidades y para más inri, lo mismo tenían hijos, pero no aportes del otro miembro de la familia que procreó con ellas, bien porque no quisieron hacerse cargo de los hijos o bien, porque murieron y a ellas no les quedó apenas asignación de viuda. Por chiripa consiguen alguien que les firme la cartilla laboral o agraria y pueden justificar su aporte, para cuando llegue esa jubilación. Puede que cobren algo digno que les permite pagar el alquiler de la vivienda y algún capricho a los nietos por Navidad o en cumpleaños. Aunque para ello, se queden un mes sin postre y así poder contribuir con los suyos o bien, entregar el regalo soñado.

─ Luego están las «jubiladas de nombre». Esas que  han dejado de trabajar con muy avanzada edad y porque sus huesos ya no responden. Fueron o son las que trabajaron en todo lo que les salía, bien en el campo, sirviendo en casas, en cocinas de barrio, trabajos esporádicos o en lo que encartara y se han pasado agachando la raspa, desde que tuvieron uso de razón, hasta ya no poder con el hato. Esas jubiladas de nombre, no tienen ni para pagarse una sopa algunas noches, y no les queda más remedio que acudir a la beneficencia, Cáritas o como se llame en cada época la asistencia social de turno. Ellas son las que se acuestan con la soledad de corazón, de estómago y hasta del gato que ronda la calle donde viven.

Amalia se queda pensativa al terminar esas reflexiones y todas le acompañamos en sus pensamientos. Algunas asentimos en silencio. Hoy hemos terminado nuestro café a pequeños sorbos, lo mismo que tomamos la vida. Sorbo a sorbo y suspiro a suspiro, Con la mirada a veces perdida mientras reflexionamos, observamos e incluso, nos sublevamos pero para adentro, si no nos queda otra alternativa.

 

Nani Mayo 2021