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miércoles, 3 de junio de 2020

UNA CIUDAD



Empezaba la ciudad a desperezarse, con un poco de prudencia y un tanto de recelo. No todos cumplían el protocolo y el miedo de los más cautos y de riesgo, se difuminaba o se percibía por debajo de las losas de la acera, en las esquinas de las plazas, en el puerto junto a las barcas de los pescadores o el paseo marítimo. También en los parques infantiles que deprimidos, lloran en silencio porque les faltan las risas y jolgorio de los que no entienden el vallado de sus mecederos, toboganes o recovecos por los que empiezan a encoger el ama al perderse, de las miradas paternas.
Con pena ve madrugar a los más responsables que enfundados en sus mascarillas, guantes y responsabilidad adherida al cinturón e incrustada a los  bolsillos del pantalón, donde llevan la tarjeta de crédito con lo que aconsejan se hagan los pagos de lo necesario para la semana y la respiración entrecortada. También observa a los barrenderos y a los que después llegan con la desinfección de las calles, enfundados en esos buzos horribles, donde disimulan las lágrimas que se enganchan a las gruesas gafas protectoras que a veces empañan y no acaban de ver lo sucio que el mundo les muestra.  
Ve al ejecutivo que enfundado en su traje, corbata y maletín de piel en la mano, se abre paso altivo y desafiante, gritando a los humildes trabajadores que con dinero nada pasa y puede que la suerte les proteja, porque es bien sabido que “al perro  flaco todo se le vuelven pulgas”, aunque eso nunca se sabe.
La ciudad gusta mucho de gente sencilla, alegre y despreocupada e incluso muy preocupada por su vida, por la fasta de trabajo y por lo rutinario del ser humano.  Y la gente normalita siente lo mismo por la ciudad, siempre que le acoge con ese amor, pero claro, ya es sabido que la economía, los dividendos y el bla, bla, bla, suele mandar desplazando al humilde.
La ciudad últimamente y con este recogimiento, ha podido pensar tranquilamente, sin el estridente tráfico, la contaminación que la asfixia y tantas cosas que en estos meses la han dejado regenerarse y sobre todo meditar. Pensaba que todo podía cambiar y la gente llegaría a ser más feliz, porque se respetaría más, se demostraría mucho más afecto y mucha más empatía, pero ahora lo duda después de escuchar a unos policías comentar que un grupo de inconscientes había estado de botellón y cuando los dispersaron y tuvieron que obligarles a hacer cuarentena, ellos les insultaron, tras darles una charla con el protocolo que debían seguir durante la cuarentena y luego al terminarla. Ellos muy frustrados comunicaron: “Todo parece que les da lo mismo,  no había nada más que pudiéramos hacer”.

#52RetosLiterup

Nani. Junio 2020


sábado, 23 de mayo de 2020

SIEMPRE PRESENTE


Me despierto como todos los días al sonar el despertador y remoloneo unos cinco minutos que sé, son los que me puedo permitir, ya que el reloj está programado para que pueda disfrutar de esos minutos de duerme vela, mientras el sentido común me aconseja que no me vaya a dormir de nuevo. Pasado el tiempo límite, me  tiro de la cama y me dirijo al baño. Como siempre, lo primero la ducha y después el café que me terminará de despertar. Doy la luz que hay sobre el espejo y me quedo espantada con la imagen que me devuelve el azogue. Sé que es mi cara porque me la estoy tocando, pero la enorme herida que atraviesa desde la parte izquierda de mi frente, pasando por la nariz y terminando en la comisura de mis labios, es enorme. Paso mis dedos por el reborde enrojecido de lo que ha sido una enorme herida y ahora una cicatriz impresionante. No doy crédito, pensando que anoche me acosté perfecta. Pongo mi cara bajo el grifo del lavabo para ver si me refresco, sobre todo las ideas y vuelvo a mirarme en el espejo. La cicatriz sigue estando en mi rostro y asustada me aparto cubriéndome con ambas manos, para así intentar apartar ese mal sueño de lo que me muestra el jodido cristal. No me puede estar pasando esto a mí. Me siento sobre la tapa del váter y lloro como cuando era niña, sin saber en realidad porque lo hago. Cuando consigo tranquilizarme, vuelvo a mirar el espejo y salgo del baño. Me siento en la barra de mi pequeña cocina. Enciendo la cafetera que dejé por la noche preparada y al instante percibo el aroma del café. Me sirvo una generosa cantidad  en mi taza predilecta y repito mecánicamente, los mismos movimientos que tengo por costumbre. Me dirijo con el café en la mano a la silla que hay junto al balcón, dejo la taza sobre la mesita y miro a la calle para ver como asoma el sol por encima de los edificios. Me siento después de soltar un gran suspiro y observo un montón de cartas o documentos sobre dicha mesita.  Las miro extrañada y cojo la que hay encima. Son las pautas que  debo seguir, según me indica una nota en el borde superior con rotulador rojo y enormes letras. Me recomienda ir haciendo los ejercicios de movilidad para recuperar la que perdí hace cinco meses según comenta dicho documento. Por lo visto tuve un accidente y como si fuera una pesadilla, empiezo a recordar las volteretas del coche. Salí despedida y cuando desperté, ya me habían cosido el vientre y la cara, sin embargo y lo más doloroso, es saber que Jorge ya no me acompañará. Ahora vuelvo a revivir el dolor que sentí al estamparme contra el cristal y todo, por no llevar puesto el cinturón. Bebimos, nos reímos y nos divertimos, pero no pensamos que todo acabaría en ese momento y hoy, me cuesta cuando me despierto saber que pasó, pero según me dicen, la memoria y la sicomotricidad poco a poco las iré adquiriendo. Parece ser que olvido para no aceptar que él ya no volverá y es cuando me da lo mismo tener atravesada la cara. Parece ser y según leo en el informe del psicólogo, iré recobrando toda la memoria cuando admita todo lo sucedido y vea con normalidad  mi rostro día a día. El reflejo de lo ocurrido que tendré siempre presente.

#52RetosLiterup

Nani. Mayo 2020

lunes, 18 de mayo de 2020

CONTIENDAS



Escucho unos ruidos muy estridentes y al principio no consigo distinguir el lugar de donde surgen. He prestado atención y observo  que vienen del bajo donde se encuentra el sótano y la cochera. Puede que haya entrado un animal en algún descuido y se sienta atrapado, ─pienso. Bajo sin tomar medidas de precaución y antes de terminar la escalera, me detengo para escuchar con más atención. Parece que proviene del cuarto trastero, donde guardamos los utensilios de limpieza y demás zarandajas. Me preocupa la cosa, porque si todo ese alboroto proviene del cuarto trastero, lo tengo difícil para defenderme porque ahí están las escobas, cepillos y mochos entre otros y no sé con qué me voy a proteger de la contienda. Cuando parece que los jadeos bajan de intensidad, me armo de valor y empujo la puerta, ¡qué Dios me ampare y su santísima madre, ─me digo para animarme; y que no me suceda nada! Como decía, empujo con mucho cuidado y observo atónita, como la escoba enviste al cepillo y a su vez, el mocho gruñe algo ilegible y acomete a ambos. En ese instante y gracias a que estoy ágil, esquivo un cepillo de raíces ha pasado rozando mi cabeza, parece ser que lanzado por un bote de limpiacristales en principio y que ahora está lleno de un compuesto un poco agresivo, para quitar manchas resistentes a la grasa (suelo reciclar y se nota que tiene potencia). De una esquina y con una bayeta a modo de tapabocas, un espráis contra los mosquitos arremete con su fluido, contra el jabón de la lavadora y como ya no soporto la trapisonda, doy una palmada y un ¡Basta ya!, donde todos los artículos digamos de limpieza (ahora parecen de guerra), han parado en seco y unos han caído por su propio peso al suelo, otros se han mantenido en el aire por unos segundos y como por arte de magia, acaban amontonados como muertos en un instante. Frenética como estoy y aturdida, porque lo que acabo de observar no se lo creería ni el más aliado de los más pirados, pregunto toda enojada y a voz en grito: ¿Se puede saber que ha pasado aquí y por qué? Un pequeño cepillo de dientes ya en desuso para ese menester y que utilizo para limpiar las juntas de los azulejos, se levanta tímidamente y me dice: En realidad todo lo ocurrido ha sido provocado por un desafortunado comentario de la escoba, diciendo que sin ella no habría limpieza, a lo que ha respondido el cepillo de barrer que es muy orgullosa por creerse más antigua e importante. Le ha seguido el mocho, diciendo que sin él no fregarían los suelos, no habría higiene y ha continuado con los mismos argumentos el limpiacristales, la bayeta, el limpia hogar apto para todo, el mata moscas y así, todos se han levantado en guerra. A mí me han expulsado porque dicen que soy un intruso, así que aquí me hayo desterrado y sin patria por un momento. Ni he puesto orden, ni he conseguido aceptación y como ves, he terminado sin pelos y mellado.
Yo, me restriego los ojos, no doy crédito a nada de lo que veo, escucho y me salgo para respirar un poco. Cuando vuelvo a entrar, todos están colocados en su sitio y pareciera que no haya ocurrido nada, pero si ha pasado, porque el pobre cepillo de dientes es la baja más palpable. Me detengo y veo que al mocho le faltan la mitad de sus poderosos flecos, el plumero intenta mantenerse intacto, pero poco a poco observo como vuelan las plumas, al limpiacristales le descubro un gran agujero por donde pierde combustible y el jabón, está todo derramado y disimulado tras la caja de los juguetes. Sin dar crédito a lo que voy descubriendo, un pequeño cubo que uso para todo, me comunica con vocecita de apuro, que les ha podido la prepotencia. El querer cada uno de ellos ser los mejores y los primeros y que cuando él mismo les quiso hacer ver que todos son un complemento y ninguno puede ser útil sin el otro y se necesitan para los objetivos a realizar, al no aceptarlo y queriendo cada uno tener razón, se formó esa terrible guerra entre iguales, que ha terminado con heridos, bajas definitivas  y una crisis que costará remontarla, ya que yo como señora de la casa, mandaré a paseo a más de uno y con razón y además, si no se les bajan los humos, el objetivo estará perdido y nada se podrá remontar.
Dudo por un momento, me siento sobre la lavadora, medito y les digo: ¿Queréis ser tan imbéciles como los de  mi especie? Pensadlo y luego cuando haga la compra vuelvo y me comunicáis que habéis acordado. Os doy hasta el mediodía, después habrá consenso o como queráis llamarlo. Yo escucharé y después se hará lo que haya que hacer, pero no permito ni más bajas, ni tiras y aflojas, ni banderas, ni colores. Aquí estamos todos para que la casa funcione y al que no le guste, que se baje de este mundo. ¡He dicho!



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Nani. Mayo 2020

viernes, 15 de mayo de 2020

EL CIRCO Y LOS PAYASOS




Filiberto era el payaso que venía con el circo todos los años, para la feria del pueblo. Comía en la casa de comidas que tenían mis familiares a los que ayudaba en días de mucho trabajo. Se sentaba siempre en la misma mesa, maquillado, con la peluca de color rojo y el bombín destartalado y mugriento, como si fuera a salir a escena en ese preciso momento. A mí que por entonces era una niña, me sonreía, me sonreía creo que mucho y me mostraba una dentadura destartalada y sucia. Un día me pidió que me acercara y a pesar que no me inspiraba mucha confianza, me aproximé. El olor que desprendía me echó para atrás y por inercia, mis dedos hicieron pinza en mis orificios nasales. Se enfadó mucho al verme realizar dicho gesto y me dijo con cierto aire de prepotencia,  que su olor era el mismo de sus amigos los leones con los que dormía todas las noches. Que era el aroma de la fuerza y de la supervivencia. Salí corriendo y pedí a mis tíos que cuando él viniera, sirviera la mesa otra persona, que no me gustaba ni su olor, ni su mirada. La tía Ana me sonrió y me dijo que no me preocupara, que sería ella quién le atendería. Cuando pasaron los años y volví a ayudarles siendo una jovencita, después de algún tiempo, de nuevo le vi y me gustó mucho menos su apariencia. Seguía  sucio y con ese hedor a fiera depredadora. Me produjo tal sensación que salí de allí asustada y desde entonces no he podido acercarme a un payaso. No sabría decir que era lo que me inspiraba, pero todo él, me daba pánico y poca confianza. Más tarde cuando después de pedir a los tíos que me sustituyeran en las mesas y salí para ir a casa, al volver la esquina salió y se interpuso en mi camino. Conseguí empujarlo y salí corriendo, ya era viejo y su fuerza no era la de antes, pero gritaba diciendo que no huyera que haría conmigo lo mismo que hizo con las otras. Los gritos eran de tal envergadura, que al mismo tiempo yo gritaba horrorizada. Cuando desperté, mamá me apretaba contra ella y me decía que todo había pasado. Que aquél hombre seguía apresado, que hacía mucho tiempo la policía lo había cogido. Que seguía en la cárcel, que aquel acoso de un día, ya había pasado y que sus faltas y crímenes, lo estaba pagando por siempre entre rejas. La pesadilla se repetía una y otra vez, por eso no soportaba el circo, los payasos ni nada que me recordara a aquel infernal hombre.

Nani. Mayo 2020

jueves, 14 de mayo de 2020

EL LEGADO DE LAS ABUELAS


Cuando  se hacían mayores todas se adentraban en el  bosque. La leyenda decía que pasaban a otra dimensión.  Lo cierto es que sabían que sin vista y ya sin fuerzas no eran útiles al poblado y una boca que alimentar no compensaba, por eso asumían la tradición, así había sido y así se aceptó; nunca tuvieron ni siquiera la posibilidad de pensar si les gustaba o no y unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas, que con delicadeza retiró para que no la vieran las personas que en la habitación estaban. Su nieta se acercó y le limpio con su pañuelo, pidiéndole que llorara lo que hiciera falta, que aquello que les estaba narrando escocía demasiado para dejarlo dentro. Ella le sonrío y prosiguió su relato.
Cuando las madres las preparaban para pasar al siguiente tramo de sus vidas, sobre todo cuando mojaban de sangre la ropa del camastro, sabían que eran demasiado jóvenes pero no para la tradición. Les hablaban del momento que había llegado. De que ya era la hora de formar una familia. De cómo la montaría el que los ancianos le destinaran para ser el padre de sus criaturas. Del día del parto y el de la retirada definitiva. Todo esto se hacía ese día que dejaban de ser niñas para pasar a ser mujeres sin vuelta atrás. La mayoría de las madres o abuelas realizaban este ritual con delicadeza y lágrimas en los ojos que tragaban para no asustar a esa criatura, que de un día a otro había dejado de ser niña. Recordaban ese día que les tocó pasar por lo mismo y aunque hacía ya algunas lunas, no eran las suficientes para haber superado el miedo, el dolor y sobre todo, la soledad que día a día, era la herencia que les correspondía en ese mismo instante. El momento más duro era el de parir como siempre se le llamó (ahora se le nombra de otra manera más refinada)  ─ dijo, pero no le dirían nada a esa hija o nieta, no era cuestión de amedrentar a la criatura; todas sabían que cuando llegaba el momento por mucho dolor o soledad que se acumulara, se debían comportar como una loba y lamer a la criatura, arroparla con la jarapa que en la dote le correspondía, dar de mamar los primeros calostros, salir de allí cuando ya tuviera fuerzas y a luchar como todas lo habían hecho. Se retiraban al bosque solas con los primeros dolores  como mandaron las leyes, apoyadas en un fuerte árbol y agazapadas, desprovistas de todo lo que las oprimiera aunque hiciera un frío de mil demonios, allí empujaban, chillaban, se retorcían y más tarde, atendían en soledad  a sus crías como siempre se hizo. Si al cabo de dos días no volvían, eran la madre del esposo y la propia madre, las que buscaban imaginando que ya alguno de los miembros no vivía. Si era la madre la que había pasado a la otra dimensión, allí quedaba acompañando a las abuelas y las otras madres que no eran  fuertes para afrontar las tradiciones; recogían al bebé si se le veía con fuerzas para afrontar la vida solo y criado con la leche de alguna tía o  ama que se ofreciera; pero si era la cría la que no respiraba, la propia madre hacía el ritual y allí quedaba para acompañar a sus ancestros. Después y con ayuda o sin ella, salía a seguir el combate que los antepasados habían impuesto.
Los hombres nunca entraban en el bosque, estaba vetado a ellos pero lo que nunca se dijo es que les producía tanto pavor solo pensarlo, que les hacía sudar casi el suero de la vida, pero de eso no se hablaba. Ellos estaban venerados y atendidos hasta el final. Pasaban al otro lado cubiertos de mimos y de ritos en sus tiendas, rodeados por todas las mujeres e hijas de la familia, mientras que los varones cazaban y luchaban por los territorios conquistados, por los cereales y frutos y  por el orgullo donde escondían sus miedos, sus tradiciones y sobre todo, por  tapar las bocas de quien osara decir que aquellas tradiciones debían cambiar. A los dioses no se les podía ofender, siempre había sido así. Solo las abuelas y madres sabían lo que les esperaba a sus hijas, por eso cuando se quedaban embarazadas llevaban alimentos a la colina de la fertilidad. En realidad todas pedían que fuera un hijo en lugar de una hija la que naciera. En el fondo de sus almas pedían que no les tocara pasar por lo que ellas habían vivido. Después, si era mujer aceptaban de nuevo, bajaban la mirada y lloraban como locas cuando se adentraban en el bosque, fuera para lo que fuera; era la única manera que tenían de sacar algún dolor que sabían impuesto e injusto.
Eso es todo o casi todo lo que te podía contar, ─ comenta la abuelita. Quisiera ser la última mujer de nuestras tribus que pasa por todas esas cosas. Había costumbres muy bonitas también, pero cuando una mujer sangraba, ya dejaba los juegos y tenía que tejer, labrar la tierra, ir por el agua, criar a los hijos y sobre todo, estar siempre sola y más, en la hora de ir con los espíritus. Hoy sé que yo estaré con vosotros, tendré una mano y cruzaré el umbral con menos miedo y con serenidad. Espero que todo quede en historias para contar. Para que se sepa que no todo fue bonito y para que se recuerde que las cosas se pueden hacer de otra manera. Qué no por eso se es más fuerte, más hombre o mujer y que las religiones o las tradiciones pueden cambiarse y no por ello, los espíritus o los dioses se indignan, ni nos castigan. Cuando se hacen las cosas por miedo, se llega a los extremos y siempre habrá un verdugo y por lo tanto, un miserable esclavo, porque el esclavo por desgracia, siempre se siente miserable por mucho que duela decirlo.


#52RetosLiterup 


Nani. Mayo 2020

domingo, 3 de mayo de 2020

LAS MANOS DE ELLA



Mi abuela tenía las manos con grietas y a veces con el frío y después de haber estado lavando en el agua cristalina y helada del arroyo o en el lavadero de la plaza, le sangraban. Usaba el jabón que ella hacía reciclando el aceite y decía que era el mejor remedio para curarlas, solo que el rasca a veces era demasiado agrío y por eso se ponían tan ásperas y rotas, pero de su boca nunca salió una queja, sino que era normal en una mujer de campo. Luego ya por la noche y cuando terminaba de arreglar las zahúrdas de los animales, dejarles el agua limpia, las mondas de las papas y desperdicios del día, recogía todo lo que el abuelo, mi padre y mis tíos traían del campo. Al terminar  se lavaba las manos en la palangana de loza desconchada, se las secaba con mucho cuidado y con zumo de limón y aceite de oliva batido, se las untaba mirando a la pared para que no viéramos el escozor que le producía, esa era su crema de manos y así conseguía que se suavizaran, (ella decía que así le sanaban), para a la hora de tirar del esbozo de la cama donde dormíamos tres arriba y dos  a los pies, terminara acurrucándonos y acariciándonos uno a uno. Nunca conseguí entender cómo lo hacía, pero sus manos a esas horas eran suaves y delicadas (decía que su crema hacía milagros), para no manchar las sábanas, ni nuestra caritas. Recuerdo aquella caricia tan suave y placentera, (que a pesar del dolor que siento cuando lo evoco), es más agradable la sensación de aquellos momentos. La recuerdo con tanta ternura incrustada en cada arruga de su cara, cada pata de gallo en sus ojos o las que se le pronunciaron alrededor de los labios, que tenerla  presente me produce tanto amor, que no sabría decir si era igual al que me entregaron mis padres. Lo pienso a menudo y no, era distinto, más tierno, más delicado y mucho más cómplice. Papá y mamá nos educaban y a veces tenían que ser más rígidos. Ella nos amaba, únicamente entregaba amor.

#NuestrosMayores

Nani. Mayo 2020


domingo, 26 de abril de 2020

SOPA DE LETRAS



En casa me dicen todos que están cansados de sopa de letras. Creía que mientras comemos, podíamos componer hermosas palabras y hacer un bonito juego, pero como todo lo que se repite en demasía, acabaron cansados. Lo hacía principalmente por los peques que de esa manera se la zampaban sin darse cuenta. Le estoy dando vueltas, pero creo que voy a seguir la propuesta de mi pequeña. Me ha pedido que haga magia  en los fogones y me está pareciendo buena idea; voy a ver si lo consigo. De primero, voy a confeccionar un estofado de nubes alegres, de esas que juegan con el sol a la rueda y entre chubasco y chubasco, nos sirven helado de sonrisas, pero pensándolo bien, el helado lo voy a dejar para la merienda porque no necesita estar en el congelador, ya que se enfriarían demasiado los gestos agradables y no es conveniente  y por otro lado, dije que iba a hacer magia, así que pasemos de frigoríficos y de congeladores ¡son demasiado fríos! Me voy por las ramas…, sigo con el menú. De primero y para el almuerzo como decía, haré estofado de melodías y hoy por ser el primero, voy a dejar que cada cual escoja la que más le guste. De segundo, boladillos crujientes, de esos que al morderlos hacen que se sientan (sí, no es lo mismo “sentir” que notar) cosquillas en el alma y produzcan risas (hace días que reímos poco y eso no lo voy a permitir) y como cambié el postre para la merienda, voy a ver si hago una macedonia variada a la que le aportaré mucho color y sabor, como por ejemplo: unas gotas de cariño avainillado, cerezas rellenas de mucho cariño, melocotones con sabor a besos, piña que me ha parecido un poco ácida y le he agregado una poquita de dulzura y para decorar, unas lágrimas de chocolate, para que nos recuerden que solo deberíamos derramarlas cuando algo nos emocione mucho.
De cena haré sopa, pero esta vez de amor a base de besos confitados, tortilla procurando que perdure el ingrediente de abrazos marinados de suaves caricias y de postre, había pensado hacer arroz con leche al que le añadiría mucha ternura, pero como me parece mejor dejarlo para otra merienda o almuerzo (es bastante consistente), haré natillas o requesón endulzado con mermelada de arándanos amables.
Para mañana creo que además del arroz con leche, haré empanadillas y en este caso, el relleno dejaré que cada cual lo aporte (la magia también va a consistir en que cada comensal contribuya con algo positivo), de esa manera no se me agotarán las recetas y todos nos sentiremos partícipes del día a día.
El menú de pasado mañana ya os lo pasaré, pero para daros una idea, he llenado la despensa de amor, caricias, abrazos, ternura, besos y mucha mermelada de dulzura, por si queréis agenciar esos ingredientes, y para la próxima, podemos compartir nuestras recetas y menús, si os parece. Podíamos hacer un recetario nuevo, que a veces cansan los chef con tanto famoseo y luego cuando nos sirven sus platos estrella, nos quedamos con el bolsillo tiritando y el estómago vacío.

Nani. Abril 2020

domingo, 19 de febrero de 2017

PASEO CON MENSAJE




Este año hemos decidido pasar las vacaciones en la montaña y cuando madrugo me voy a caminar por los alrededores de la cabaña. Consigo despertarme del todo oliendo la retama, el tomillo, las jaras, escuchando los trinos de los gorriones, los vuelos bajos de las golondrinas que llegan a tocarme en ocasiones el pelo y el sonido del agua de las fuentes. Sigo el sendero del río que salta, juega, se esconde y vuelve a saltar. Cuando llego a uno de los recodos, me gusta sentarme a la vera e incluso meter los pies y refrescarme por un ratito, mientras descanso apoyada en una roca o en el tronco de un árbol.
El día que recuerdo con mayor cariño, fue cuando me senté a descansar con los pies metidos en el agua y fue a tropezar en mi pierna una botella que incluso me hizo algo de daño, ¡gracias a que no era de cristal porque se hubiera roto o incluso me hubiera herido! Era una botella de las que se usan para los refrescos y aunque estaba aparentemente vacía, el impacto en mi pierna, fue algo más bien sorprendente y un poco doloroso. Pude reaccionar a tiempo para cogerla y no siguiera el curso que la corriente le imponía. Seguramente la persona que la puso dentro del cauce, pretendía que llegara a la desembocadura y fuera encontrada en cualquier playa, pero hete aquí, que tropezó en mi pierna y agarrada por mi mano. Cuando la tuve delante de mis ojos, pude con gran asombro descubrir que dentro había enrollado un papel ceñido con una goma elástica. Mi curiosidad fue la que se apresuró a poner activo mi lado cotilla, así que sin perder un instante y con algo de dificultad, conseguí abrirla. Extraje el rollo de papel al que con enorme curiosidad quité la goma y desenrollé encontrando el siguiente texto escrito: “Esto que estás leyendo lo ha escrito un ser pequeñito y habitante del bosque donde nace el río, porque aunque te extrañe, en el bosque vivimos unos seres diminutos que velamos por los humanos y su entorno, aunque ya los humanos se dedican a destrozar la naturaleza y vamos a tener que salir de los lugares donde llevamos viviendo infinidad de siglos. Me duele que a mis 500 años deba ir a vivir a otro lugar si no nos queman antes o arrancan los árboles milenarios que son lo que nos cobijan y nos dan sombra, nos protegen y nos dan alimento. Me da pena porque los humanos no saben o no quieren saber que nosotros velamos por este bien, hace mucho tiempo que quisieron desentenderse y las nuevas generaciones ni siquiera saben que existimos pero que si dejáramos de hacerlo, las hojas de los árboles estarían sucias y estos morirían. Nosotros nos deslizamos para limpiar las hojas y ellas aspiran mejor el aire que necesitan, otros dejamos caer las hojas viejas que sirven de abono y de refugio a nuestras moradas y así, infinidad de tareas que solemos hacer. Esta misma botella que utilizo, es para decirte que no debéis dejarlas tiradas en cualquier sitio y menos, en los bosques que a veces en vez de ser el pulmón de las ciudades, se convierte en un basurero donde será imposible regenerar. De seguir así, contaminará nuestras vidas y seguido las vuestras, por eso hemos recogido todas las que hemos podido y os hemos mandado el mismo mensaje. Esperamos que algunos seáis en esta ocasión tan curiosos como imagino has sido tú y deseo cuentes esta historia a tus hijos, sobrinos, nietos y amigos, porque así todos sabréis qué habrá que hacer para que nuestros bosques brillen y respiren como es debido, ya sabes que en ello está que gocemos de buena salud o seamos tan necios que dejemos que la naturaleza deje de ser amor".
Con el amor que nos caracteriza, un duende del bosque.



Nani. Febrero 2017

lunes, 15 de diciembre de 2008

AGUAMARINA

El calorcito me penetra y me ensancha el alma. La brisa balancea mi melena y me siento nueva, mientras mis pies se hunden en la arena. El calor no es agobiante porque el sol está todavía despertando. Camino sola, es muy temprano pero es uno de los momentos que más disfruto igual que cuando el sol se pone, aunque en este último caso la soledad de la naturaleza y yo, es más difícil conseguirla ya que suele haber mucho barullo por la playa.

Me gusta ver como el sol se va desperezando y calienta mi cuerpo y mi alma. Caminando y absorta en mis pensamientos, he acabado en la roca rosa (su nombre se debe al color que toma cuando sube la marea y el reflejo del sol le da esa tonalidad) y como decía, al acercarme a este lugar, presiento que ya no estoy sola pero por más que miro, no veo a nadie. Bordeo la pequeña roca y al llegar al extremo opuesto por donde he entrado, me parece distinguir una sombra un poco extraña. Creo percibir que es la silueta de una mujercita pequeña y la curiosidad hace que me aproxime. No encuentro a nadie, sin embargo, una sombra se fija en la arena. Me restriego los ojos y vuelvo a mirar. No hay nadie pero allí sigue la sombra.

Pregunto: “¿Quién eres?- espero y nadie responde, aunque noto como me rozan.

Me estremezco, porque cuando no controlo la situación, siempre me da repelo y siento un poco de miedo.

De pronto escucho una dulce voz femenina que me ruega que no me asuste, pero me mantiene un poco expectante, porque la voz no procede de fuera, sino que creo escucharla dentro de mi cabeza y eso, aún me inquieta un poco más.

Me pide que me siente y sin pensarlo un segundo, obedezco. Estoy muy desconcertada, cuando la sombra se aproxima más aún y cuando llega a mi altura, distingo a una chica muy guapa de cabello largo y oscuro, va cubierta de un tejido vaporoso verde agua que se balancea con el movimiento de la brisa marina. Está sentada a mi lado y cuando le miro las piernas me sorprendo, ya que no posee dos piernas como yo, sino que sus extremidades no son tal, sino una especie de cola de pescado parecida a la del salmón y sí, me habla con esa dulce voz que antes escuché y me dice: “No te sorprendas tanto, estás en lo cierto, soy una sirena como las que conociste en los cuentos que leíste de pequeña. Soy la sirena “Aguamarina” y hoy he salido un ratito a tomar el sol. No he tenido tiempo de esconderme antes de que llegaras, pero de todas maneras no me importa que sepas que existo. Sé que no me vas a delatar, porque si así lo hicieras se borraría de tu mente toda la fantasía y la dulzura que existe en tu vida y tú necesitas de esas dos cosas para vivir. Ya hubo otra antepasada tuya que también me vio en unas cuantas ocasiones y si no llega a ser por ella, hoy tú y las personas como tú, no sabrían de los habitantes de los mares, no conocerían la fantasía y no se hubieran escrito tantos cuentos e historias que la humanidad necesita para desarrollar sus emociones y sus recuerdos. Tú sigue soñando y ven cuando lo desees. Nos veremos alguna vez que otra y como ves, no tienes que temer nada de mí.


Nani. Diciembre 2008.