Imagen
del artista Álex Bascuas titulada ¿«Anyone out there?»
Este
fin de semana quería que fuera distinto. Les propuse a mi familia ir a visitar
algún parque para disfrutar de las plantas, ver algunos animalitos normales de
carne y hueso y dejar por unas horas de mirar pantallas que nos imponen situaciones
y hechos que no son normales, ni naturales y que últimamente aceptamos con total
franqueza, sin darnos cuenta que en todos esos programas que nos ofrecen hay un
ruido tan enorme, que la cabeza nos la embota de tal manera, que no nos damos
cuenta que poco a poco se nos va imponiendo odio camuflado, xenofobia, envidia
y sentimientos antinaturales del ser humano.
Nos
desplazamos en el autobús y vemos ahí en las calles de nuestras ciudades que
también hay un zumbido que no entiendo. No puedo comprender que se patee a una
persona que duerme sobre un cartón, por el hecho de ser una pobre criatura que
no tienen a nadie en esos momentos duros ni adónde ir. No entiendo que algunos
niños por el hecho de ser discapacitados, ser distintos por algo en particular
o muchas veces por envidia se menosprecie a compañeros o chicos de familias distintas
a las nuestras o eso creemos. Esa envidia o recelo que lo padres debemos
gestionar para que entiendan nuestras criaturas que no se puede hacer bullís a
otros semejantes, porque el respeto hacia el otro es lo único que nos define
como humanos.
Necesito
conectar con la naturaleza, las hormigas o las mariposas. El ruido realmente
verdadero de la corriente de un río o un arroyo. Necesito dejar de escuchar el ruido
que hacen los que nos quieren adormecer, para seguir siendo persona.
©Nani,
octubre 2026

Hay ruidos que duelen y últimamente hay demasiados.
ResponderEliminarBesos, Nani.