jueves, 29 de octubre de 2026

REBELDÍA EN LA COCINA

 


Imagen subida de la red


Había decidido pasar una tarde de lectura aprovechando que en la terraza estaba el sol calentando sin quemar. Estos días de otoño son una delicia disfrutarlos al aire libre cuando el sol hace de mantita de pelito y las tardes se convierten en un goce, mientras llegan las lluvias tan necesarias para la naturaleza y para el ciclo normal que debe tener la estación del año.

Pues como decía, había decidido tener una tarde de lectura de esas que cuando ya el sol no alumbra, decides ponerte una ropa cómoda e ir a dar una caminata para quemar lo que nos sobra o por lo menos, hacer el ejercicio que el cuerpo necesita. Y estando sentada tan agustito y prosiguiendo con el capítulo 8 de mi libro de turno, he escuchado un tropel que la concentración se me ha ido al traste. He prestado toda mi atención y me ha parecido que el ruido procedía de la cocina, así que me he levantado y he ido a ver qué pasaba.

Al empujar la puerta, si no estoy hábil de reflejos, me hubieran rebanado la nariz dos cuchillos que se batían con dos tenedores cual espadachines del año de Maricastaña. No daba crédito a todo lo que estaba viendo y cuando he preguntado, la respuesta obtenida ha sido que querían demostrar cuál de ellos era el más eficaz.

El lavavajillas decía que se había declarado en huelga de brazos caídos, porque estaba cansado de recibir puñaladas traperas de todo el menaje que recibía a diario y que, para más inri ni se lo agradecía con un buen lavado de vez en cuando para limpiar desagües y grasas incrustadas, que todo ser necesita un caramelo de vez en vez y el mantenimiento es tan necesario como la vida activa.

Las cucharas estaban en posición desafiante, esperando entrar en acción y los vasos se habían dado la vuelta completamente enojados, diciendo que no admitirían ningún contenido hasta que la huelga que se había declarado en la cocina no llegara a un acuerdo razonable.

El cucharón y la cuchara de servir decían que no se levantaban ni para dar un buen día y que no repartirían ningún alimento hasta no ver que todos los utensilios ocupaban sus lugares, con armonía y buena disposición, que ya estaba bien de ego y de decir que lo blanco es lo mejor, mientras los otros que es lo negro. El gris también existe y tan necesario como cualquier otro color.

Los únicos utensilios que estaban aparentemente contentos y bailando unas seguiriyas eran los platos hondos, aunque no es la normalidad ya que de lo contrario se resbalarían e irían al suelo hechos añicos y tristes como el propio baile. Todo estaba siendo anómalo y muy extraño.

Con todo el asombro que tenía encima y algo más repuesta, miré de soslayo el cajón de las cacerolas que por el momento no tenían movimiento. Di gracias porque esos cachivaches no se hubieran alterado por el momento, cuando vi pasar por delante de mi cara la tabla de cortar pidiendo auxilio porque la perseguía el cuchillo panero.

Consiguiendo reponerme pasados los primeros minutos de ver todo el caos ocasionado y antes de dar ocasión a ver más disparates, me plante en medio de la cocina y dando un fuerte golpe en la mesa que hasta el jarrón que contenía unos crisantemos amarillos se tambaleo y casi pierde el equilibrio, grité al mismo tiempo pidiendo una tregua inmediata. Todos los utensilios alborotados se quedaron detenidos y seguidamente cayeron desangelados a sus lugares de origen o a la mismísima mesa en la que yo mantenía todavía mi mano después de golpearla. Interiormente pensé que también podía revelarse, pero no lo hizo agradeciendo que se mostrara juiciosa. Respiré hondo y dije sin bajar un ápice la voz: Se acabaron las tonterías y más las huelgas en la cocina, es lo que hoy me faltaba, quién en esta cocina no esté de acuerdo con su cometido que vaya preparando su petate (o sea, su decisión) y se largue al cubo de la basura que lo mantendré abierto todo lo que queda de tarde. Cuando vuelva a preparar la cena quienes no queráis seguir con las normas de la casa, ya puede despedirse o se jubile y se retire a su lugar preferido pero que a mí no me incluya, desde este momento es independiente y libre de vivir como quiera, pero no pienso suplicar, ni voy a sentir pena por su partida. Ya en su día quedó todo establecido y no creo que tengáis derecho a hacerme pasar por lo que alguien, no sé quién, os ha lavado la sesera si es que la tenéis, así que me doy media vuelta y en diez minutos vuelvo y repito, el que no esté de acuerdo carretera y manta que la chatarrería o el punto limpio de la ciudad están habidos de utensilios, residuos y todo desecho habido y por haber. ¡He dicho!

Y dando media vuelta he salido de la cocina con la triste sensación y con el pensamiento de que ya hasta los utensilios inanimados se revelan hartos de tanta incoherencia y falta de valores que nos rodean.

Nani, octubre 2026

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario