Caperucita había cogido la cesta con la comida que mamá le
preparó y se puso en camino a casa de la abuela. Mamá le recomendó que
fuera por el atajo en vez de adentrarse en el bosque, porque ya era
temporada de tala y los leñadores andaban con sus sierras eléctricas,
sin mirar quién iba o venía por los caminos que proporcionaban sombra a
los caminantes. Ellos solo sabían que tenían que cortar mucha madera
para cobrar el jornal y después, ir a la taberna a beber cerveza.
La idea la contrarió porque le gustaba encontrar en el recodo de la roca rosada, al viejo lobo y echar una partidita de dominó con él, mientras se relamían una de las tortas que llevaba para la abuela y de paso, comentar las cosas raras que hacían los mayores y que a ella le costaba entender. Con el lobo era agradable charlar, ya que la escuchaba atento con sus enormes orejas, mientras la miraba fijamente y le guiñaba un ojo de complicidad, así que decidió arriesgarse y buscar a su amigo, cuando se despertó al lado del que ya era un extraño y olía demasiado a cerveza.
La idea la contrarió porque le gustaba encontrar en el recodo de la roca rosada, al viejo lobo y echar una partidita de dominó con él, mientras se relamían una de las tortas que llevaba para la abuela y de paso, comentar las cosas raras que hacían los mayores y que a ella le costaba entender. Con el lobo era agradable charlar, ya que la escuchaba atento con sus enormes orejas, mientras la miraba fijamente y le guiñaba un ojo de complicidad, así que decidió arriesgarse y buscar a su amigo, cuando se despertó al lado del que ya era un extraño y olía demasiado a cerveza.
Nani. Enero 2013.

