miércoles, 19 de junio de 2019

ESPERANZA PARA LOS PECES


Los jóvenes que han llegado en patera en el día de hoy a las costas andaluzas, carecen la mayoría de salud. La mitad están desaparecidos. La Macarena interceda por ellos para que al menos alcancen la gloria que se merecen, después de haber atravesado kilómetros derramado lágrimas, surcado río tras río y el traicionero mar. Los soles que le prometieron no los han encontrado y tampoco ese paraíso del que les hablaron.






Nani. Junio 2019

viernes, 14 de junio de 2019

ANUNCIOS POR PALABRAS (16)



Soy Petra la dueña y regente del puesto nº 13 del mercado de abastos de la ciudad. Vendo de todo. En un tiempo a las personas que tenían este trabajo, las llamaban quinquilleros y así fueron nombrados mis padres mientras estuvieron llamando de casa en casa y por los pueblos y alrededores, ofreciendo todo tipo de productos metidos en el serón de la mula juanita. Después consiguieron unos ahorrillos y se asentaron en este puesto que yo he heredado.
Nunca pude tener muñecas y si alguna pasó por mis manos, fue de aquellas de cartón que se vendían cuando era pequeña y ellos también ofrecían. Si alguna les llegaba con defecto, era la que yo disfrutaba, pero me duraba nada y menos, ya que mis hermanos y sus amigos que eran unos gamberros, me la cogían y la metían en un cubo con agua o en la fuente de la plaza, y aclaro, al ser de cartón se inflaba y luego se desintegraba. Para ellos era un juego de lo más divertido, pero para mí, la desgracia más grande que me podía ocurrir. Luego me decían que había tenido sed o que se había ensuciado de chocolate cuando le quisieron dar de merendar. La verdad es que tanto una cosa como otra era increíble, porque el chocolate no lo veíamos ni por un casual a no ser que padre tuviera una tableta rota y no apta para la venta (y ya procuraba que no se diera el caso) y al ser una muñeca de cartón, por muy infantil que yo fuera por aquellos entonces, de un guindo no me había caído para creerme aquellos argumentos.
Un día vino doña Maquiquita la del farmacéutico a comprar cinco metros de puntilla de bolillos y me comentó que las muñecas de sus hijas ya mayorcitas, estaban feas y estropeadas y que las iba a tirar, pero que si yo las quería, me las regalaba. Por aquellos días ya tenía yo unos cuantos años y me hacía cargo del puesto, entonces se me ocurrió que sería una manera de quitarme aquella espina que tenía clavada. La verdad es que cuando doña Mariquita me las trajo estaban hechas un desastre, pero las lavé, las peiné de nuevo y las que no tenían remedio, les hice vestiditos con retales que me quedaban de la venta de telas y a juego con los vestiditos les confeccioné gorritos y aquí me veis con esta enorme colección. Me gustó tanto la idea de rescatarlas, que puse un cartel en el que rezaba: “No tires tu muñeca deteriorada, te la arreglo o si me la regalas, la dejo aquí para que cuando vengas a comprar, la veas, te sonría y te recuerde los juegos que tanto disfrutaste de niña”. Casi todos me las regalaban porque decían que en casa debían hacer hueco para las cosas que se iban necesitando con el transcurso del tiempo y para mí fue un disfrute sin igual. A veces hay muchos ratos muertos en el puesto y esos los aprovecho para cambiarles las ropitas y asearlas. Como veis, ya casi ocupan más espacio que los objetos de venta, pero disfruto mucho con esta ocupación. He encargado a mi amigo el  chatarrero, una vitrina si le llega o bien le diré a Manuel el carpintero, que me haga una y la colocaré en la pared para que sirvan de exposición, como veis son ya muchas y tengo que colocarlas de otra forma para que ellas estén cómodas y yo también, no debo olvidar que mi puesto es de venta principalmente. Ellas no están a la venta a no ser que me traigan alguna de esas con cara de porcelana y puntillitas en los vestidos. Esas no me gustan nada (podría contaros cual es el motivo, pero hoy no viene al caso), y estas sí que las vendo. Hay personas que  también las coleccionan y me agradecen que se las pase. A mí me gustan las Nancy, barriguitas, nenucos, pepones y todos los muñecos que tienen caritas bonitas y tiernas, con ellos disfruto como si me convirtiera en un abrir y cerrar de ojos, en una niña de ocho años de las de mi época, hoy es bastante distinto. Y bueno, aquí me tenéis para lo que necesitéis, Petra la quinquillera (no hago honor al apodo), honrada y ganando el pan de cada día como mis padres me enseñaron. Si tienes una muñeca, una sombrilla, paraguas o lo que se tercie, lo dejo como nuevo. Saludos.

Nani. Junio 2019

miércoles, 12 de junio de 2019

MUÑECA DE CHINA





De niña me gustaba mucho la muñeca de china que tenía mi tía guardada en el cajón de la cómoda. Nunca me la dejaba porque temía que la rompiera y me contaba que era el único recuerdo que tenía de su hija. Ella había enfermado y la muñeca se había quedado sola sobre su cama. Siempre estaba guardada entre las sábanas y yo me empeñaba en tenerla. Un día me dijo que me había hecho un vestido como el de la muñeca y cuando me lo pusiera yo sería una verdadera muñeca. Al principio me hizo ilusión, pero cuando me vieron los chicos en la fiesta aquel día, me subieron a la mesa y quisieron jugar conmigo. Decían que era una verdadera muñeca. No me gustó nada ser muñeca, ni tener aquel vestido, ni lo que decían ni como terminó la fiesta. Quería bajar de allí, pero todos quedaron dormidos y yo me sentí atrapada, por eso no soporto las muñecas de china y así vestidas. Todas me recuerdan a la prima muerta, a los chicos de ojos vidriosos y aquellos juegos que eran muy distintos a los que siempre jugué con mis amigas en el portal de casa.

Nani. Junio 2019