Cuando
salía del colegio solía entrar por la puerta a la que llamaba segunda.
Encontraba la otra primero, pero allí había mucho bullicio y mi madre me pedía que
invirtiera los términos. Esta era la del bar que tenían mis padres y la otra,
la zapatería que regentaba mi tío. Además de que fuera la recomendada, a mí me
gustaba entrar por esa segunda. Allí se respiraba paz, ya que mi tío estaba
tranquilamente sentado remendando los zapatos o cosiendo las suelas a los
cueros que había cortado anteriormente con una cuchilla especial para ello, muy
afilada y con una curva muy pronunciada. Él siempre me prestaba atención y yo me
quedaba embelesada mirando como pasaba cera a los cabos para coser, que primero
chupaba y después enceraba. Me atraía el olor del pegamento al que le llamaba
engrudo, y disfrutaba su dulzura y cariño. Mi padre siempre estaba mucho más
atareado con la clientela y a la vez, había siempre mucho ruido ya que el
personal hablaba a voz en grito y al mismo tiempo, mi progenitor ni le
daba tiempo de ver que yo pasaba, pero
sí algún personal bastante descarado; por esa misma razón el consejo de mi
madre para que usara la otra puerta. Por entonces no caía en esas cosas, pero fui siempre
obediente y así lo hacía. A veces, mientras acompañaba a mi tío, pasaba el
ganado de trashumancia por la calle y me sentía segura mirando a través de
los cristales a todos aquellos miuras y
otras especies, era un placer y un gran desafío ver a los enormes toros que se
paraban cuando se reflejaban en los cristales y yo al otro lado, comprobando que
casi los podía tocar. Me sentía la heroína del cuento de ese día. Luego cuando
merendaba pan con chocolate, me salía a la calle a jugar a la comba, a las
estampitas (todavía no se llamaban cromos) en el tranco de la puerta, o a las
chinas con alguna vecina o amiga, ya que por entonces todo se hacía en la
calle, en los portales donde montábamos tenderetes o rifas o en la plaza más
cercana. Todo era mucho más próximo. No había peligro. Los padres sabían que si
nos daban una voz acudíamos al instante. La vida era muy distinta. Todo era de
otra manera.
#52RetosLiterup
Nani.
Mayo 2020