miércoles, 11 de diciembre de 2019

ENERO 2051


Los niños que nacen se habitúan mejor o peor al aire contaminado que las primeras décadas del siglo XXI intentó mejorar, pero que no consiguió. Yo soy uno de ellos, pero la mayoría terminan en los edificios del subsuelo para acabar enchufados a una máquina depuradora,  día sí, día no y a  veces, siempre. La llamamos depuradora, porque en realidad su objetivo es limpiar pulmones, sangre y todo lo que penetra a través de nuestra nariz y boca, a pesar de llevarlas tapada hasta para hacer el amor, ¡ya todo es tan distinto! Después de aquella catástrofe del 2045 que empeoró todo lo que se venía arrastrando, los remedios y los medios han sido tan escasos, que todas las energías se  escapan por esos tubos (los de respirar, los del agua, los del oxígeno, hidrógeno y sobre todo, los de limpiar todo el ambiente de los refugios). Pablito es un ejemplo, ha nacido con tantas intolerancias y alergias, que ha sido destinado como otros tantos, a una burbuja de cristal desde un principio. Para estas fechas el plástico fue eliminado, pero el aire no hubo quién lo limpiara. El agua es otra cosa porque se consiguió que no saliera a la superficie y es lo que nos mantiene vivos; aún. Se diseñó un dispositivo para que no penetraran las impurezas y la filtra a la perfección, de todas maneras y como siempre ha pasado en el comportamiento humano, ha habido razas exterminadas porque allí donde vivían, no llegaban estos adelantos o cañerías (por llamarlas de alguna manera). Si no tenían nada a cambio que ofrecer, eran sus vidas las que se cogían (quisieran o no), incluso se aprovechaban para experimentar nuevos métodos que no fueron eficaces. Acaban tan envenenados, que casi nada puede ser recuperable. Es como un castigo divino, la naturaleza no responde al destrozo que con anterioridad se ha hecho con ella.  Y como la historia ha demostrado, los más desamparados son los que más pierden, porque los que ahora tenemos refugios y medios, los usamos para nosotros. Hoy hago esta crónica a mis 25 años. Sé que soy un anciano y debo dejar mi experiencia a los que vienen después. Privilegiado me siento como el resto que sobrevivimos con cierta salud y debemos lo poco que hemos aprendido a los demás, para que no se descuiden un solo momento, es nuestra herencia la más preciada en estos tiempos que vivimos (como antes decía, todo ha cambiado y se ponen medios; dicen que nunca es tarde). Debo decir y para que conste, que en 2019 se comenzó a denunciar de manera contundente lo que se aproximaba, solo que los que tenían poder no les importó lo que podíamos heredar los que llegamos después y ya veis, en 2030 el cielo se puso muy rojo, las cosechas se secaron y los animales no resistieron las epidemias y la hambruna. En 2045 y a toda prisa, hubo que hacer refugios y los más afortunados en ellos vivimos; pálidos, con poca energía y vida corta. Hemos conseguido criaderos de hormigas y saltamontes (ese es nuestro alimento). Mucho ha costado comprender que todo esto es el bumerán que nos devuelve tristemente la naturaleza.

#COP25.



Nani. Diciembre 2019

4 comentarios:

  1. Un apocalíptico futuro inmediato.

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  2. Qué fuerte!!!
    Y no me extrañaría nada que fuera profético.
    Menudo planeta les vamos a dejar...

    Besos.

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    Respuestas
    1. Como le digo a Alfred, ojalá no sea así, pero la realidad y más viendo que no ha habido ningún acuerdo en Madrid, mal lo llevamos y lo llevan los que vienen después.
      Besicos muchos.

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