domingo, 19 de enero de 2020

LLEGÓ EL CIRCO




Todos dijeron que había llegado el circo y que lo habían instalado a las afueras de la ciudad. Tanto mi pareja como yo, decidimos acercarnos para ver si nos seducía la idea y ver la actuación. Por las estructura, podíamos saber si se trataba de un circo con glamour o era uno de esos que ya están en declive, deteriorados, sucios y oliendo a pis de animal. Después del café de sobremesa, nos animamos a dar un paseo y pasar para ver que tal era el recinto circense. Cuando llegamos ya empezaba a ponerse el sol por detrás de la cúpula del circo. Se veía esplendido y la primera impresión fue excelente. Nos miramos y decidimos acercarnos. Ya en el lugar todo era movimiento. Los trabajadores apilaban cajones en los camiones. Otros estiraban cuerdas o toldos y en la explanada contigua, unos chicos se estrenaban y hacían malabares. Unos señores bajitos encima de una alfombra, hacían piruetas y se reían con ganas cuando adrede, le ponían zancadillas a uno de ellos que parecía no tener un buen día y que ellos con sus bromas, querían hacerle sonreír. Preguntamos a un encargado si podíamos pasar dentro y nos dio permiso. Allí se colocaban atrezos, pistas y arriba, los trapecios colgaban con destreza y agilidad. Tenía todo muy buen aspecto y decidimos ya que estábamos allí, retirar unas entradas para el día del estreno. Cuando nos disponíamos a salir a la calle, un señor ataviado con frac y sombrero de copa en la mano, nos saludó con una inclinación y nos invitó a pasar a su lugar de ensayo, donde nos dijo guardaba conejos, naipes, flores de papel y todo un arsenal propio de un mago. Me cogió de la mano y con mucha elegancia me hizo pasar, detrás nos seguía mi chico. Encima de una mesita había unas varitas mágicas y al frente, una puerta pintada en un  decorado. Me pidió que la empujara y entusiasmada lo hice. De pronto me encontré en un paraíso de color, con árboles frutales de todo tipo, pájaros de plumaje y cantos variopintos. Mariposas que parecían bailar al son de un vals y niños jugando al corro cantando canciones muy alegres. Vestían atuendos típicos de los años 20 del siglo pasado y cuando quise darme cuenta, empecé a sentirme mareada. Todo resultaba muy bonito pero a la vez extraño. Me volví para ver quién me acompañaba y me encontré sola. A mi espalda todo era tétrico y oscuro. Quise volverme pero no encontré la puerta por donde había pasado, ni al señor del frac y tampoco mi chico. Intenté gritar y algo me lo impedía, la voz no me respondía y cuando me estaba entrando un pánico aterrador, una señora ancianita salió de detrás de un ciruelo. Me dijo que no temiera nada que había sido escogida para una experiencia especial y que me iba a alegrar cuando todo terminara. Me cogió del brazo y me invitó a entrar a una cueva por la que pasamos agachándonos. Estaba iluminada con unas cuantas velas que parecían desprender un agradable perfumen. Nos acercamos a una mesa donde había una enorme tarta de chocolate y nos sentamos a degustarla. Después me dijo que no tuviera prisa que mi chico estaba entretenido haciendo juegos de manos y que ninguno íbamos a sufrir daño. La voz de la anciana era tan agradable que me dejé seducir y más tarde estábamos probándonos unos atuendos muy de épocas pasadas, terminando pareciendo una princesa  vikinga, con la cara pintada y espada de hierro que pesaba tanto que con una sola mano no podía cogerla. La anciana la tocó y al instante pareció que tuviera una pluma en la mano. Me colocó un anillo en mi dedo corazón y me dijo que con esta piedra que desprendía destellos azulados, estaría protegida de todo mal.  Me volvió a coger del brazo con el mismo respeto que lo hiciera cuando la descubrí y volvimos a desandar el camino anterior, atravesando de nuevo la puerta pintada en la pared y volviendo de nuevo a la pista central del circo. Allí estaba mi chico muerto de risa con el mago, el sombrero de copa colocado y cuando me descubrió abrió desmesuradamente los ojos y me preguntó si iba a enfrentarme a Viki el vikingo. Le dije que una encantadora ancianita me había convertido en una doncella del escudo y que de ahora en adelante, sobre todo con el poder del anillo que me había entregado, todo me sería más fácil, ya que cuando tuviera dificultades, mirara la piedra y recordara que con fuerzas y ganas, todo se puede solucionar.
Nos despedimos del simpático mago y por el camino le conté a Dani todo lo que me había pasado. Me contestó que tanto tiempo no había estado ausente y que todo parecía de cuento, si no fuera por el anillo y el atuendo que llevaba puesto. Cuando llegamos a casa me cambié de ropa, me lavé la cara y cenamos con la sensación de haber vivido un sueño.


Nani, Enero 2020

8 comentarios:

  1. Es un relato delicioso.
    Me ha gustado muchísimo.
    Es mágico, tierno y desborda belleza e ilusión.
    Te felicito.
    Bravooooooooooooo

    Besos.

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    1. Toro, muchísimas gracias. Me alegra saber que te ha gustado.
      Besicos muchos.

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  2. Hola Nani!! La sensación de haber vivido un sueño al menos para ella es bien seguro ¿Utilizaría alguna vez el anillo para ver si era verdad lo que le dijo la ancianita?.

    Un abrazo.

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    1. Conchi, yo también me pregunto si le habrá servido el anillo. Yo en su lugar, al menos me serviría para que recordarme que las cosas merecen la pena vividlas.
      besicos muchos.

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  3. Muy bello relato nani, esa sensación de haber vivido un sueño me suena familiar.Me ha encantado esta historia o cuento.
    Feliz noche amiga.
    Un beso

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    1. Muchas gracias Carmen. Los cuentos o vivencias nos hacen soñar otras vidas y ya eso, merece la pena.
      Besicos muchos.

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  4. Que bonito, vivió un sueño mágico en ese circo. Hace tiempo que no voy a un circo. Un placer leerte amiga, saludos

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    1. Sandra, ponerle a la vida una poquita de magia, ya nos la hace un poquito más amena.
      Besicos muchos.

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