Imagen
de Laurent Chéhère
Desde
hace una temporada presiento que algo pasa a mi alrededor. Por las mañanas me
siento en la mesa de la cocina a disfrutar de mi rico desayuno, pero algo no
sigue su curso o el curso al que estaba habituada. Siento un cosquilleo un poco
inusual. Me detengo entre sorbo y sorbo de café para percibir algo distinto,
tal como si me elevara y ya no disfruto mi tostada de igual manera. No diría
que es desagradable la sensación, aunque sí extraña. Cuando salgo al balcón a
regar las macetas, parece que estuviera sobre una nube y aunque sé que a veces
se me va el santo al cielo y puedo levitar mientras sueño, siempre he procurado
tener los pies en el suelo, puede que un palmo por encima, pero pisando firme.
A la hora de tender las sábanas el día de colada, en más de una ocasión las he
cogido al vuelo dando un gran salto, por ello ando un poco meditabunda y por
las noches un poco cansada de más. Es como si estuviera volando o sobre una
comunidad de nubes como antes mencioné y es que según he escuchado en radio luna,
a los soñadores se nos va no solo la pinza como dicen algunos o levitamos, aunque
la realidad no es esa, sino que las casas de las personas que vivimos ligeros
de equipaje (como dijera Machado), todo se nos hace más liviano, pesa menos y
hasta nuestras viviendas pueden volar, trasladarse a otra ciudad o ver desde
arriba distintos paisajes, si no de donde iban a salir tantas historias inventada
y observadas a vista de pájaro. Quieras o no creerlo, lo cierto es que el viaje
lo tenemos asegurado y la fantasía vuela por doquier, como esta mi casa que
puede ser la tuya también y si no, cuando quieras desayunamos en mi cocina y lo
puedes comprobar.
Nani,
marzo 2026

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