Era
recién amanecido cuando esta mañana salí a caminar. Me apetecía recibir en el
rostro la brisa fresca del día que acababa de nacer. Creí que mi ocurrencia sería
individual, pero para mi asombro llegamos un número considerable de caminantes que,
a lo largo del recorrido perdí de vista. Nos adentramos en el camino que
conduce al parque de los naranjos. Olía magníficamente a pesar de no ser época
de floración, pero los frutos y las hojas siempre desprenden un aroma
inconfundible.
Aún
no estaba el día del todo brillante, aunque era reconocible el entorno a pesar
de que algo extraño no encajaba del todo, era como si el sol no quisiera
hacerse visible. Como si se resistiera a dejarse ver con claridad y no a causa
de nubes ni nada parecido, sino que la luz no brillaba como de costumbre. Algo
me decía que no se presentaba el día como me gustaría y el ánimo se me encogió.
Mis pisadas dejaban una huella extraña, había barro rojo sin haber llovido ni
ser tierra de ese color la que siempre hubo en el lugar. De pronto escuché como un trueno muy
desagradable y una luz muy intensa se posó ante mi mirada. Fue todo bastante
extraño, más tarde y sin saber qué pasó, me encontré sentada bajo un pino que
hay a cien metros y comiendo un helado de fresa. No me preguntes qué motivo me
llevó allí y quién me dio el helado. Solo sé que ya era media mañana y que no
recuerdo qué pasó.
En
estas estaba, cuando recibo una llamada de mi familia preocupada por mi
ausencia. Les contesto que estoy bien, que vuelvo enseguida y que tengo un
reportaje en la cámara del móvil muy interesante. No les contaré que no sé como
he hecho tanta foto rara, muy raras todas y que no sé que me ha pasado.
Y
sí amigo lector, no te tomo el pelo ni he soñado mientras dormía. Ha ocurrido
las fotos son el testigo, aunque tengo que deciros que mientras caminaba de vuelta,
el teléfono se me ha escapado de las manos y se ha caído al barranco mientras
lo cruzaba, así que no puedo mostrarte ni fotos, ni luces, ni helado porque ya
me lo he comido. Lo siento mucho.
©Nani,
septiembre 2026

Nani, nos cuentas una historia enigmática...Ese trueno y esa luz llevaron a la protagonista a cierta inconsciencia, no sabía qué le había pasado...tierra roja, fotos extrañas...Lo cierto es que nos haces pensar en otras dimensiones, que andan cerca y a veces nos afectan, sin que nosotros nos enteremos...Muy interesante, amiga.
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y admirado, amiga escritora.
Yo te creo, hermana, jaajajaja
ResponderEliminarBesos.
jajajjajjaja, no te preocupes, sé que lo lamentas mucho. Genial, Nani. Besos
ResponderEliminarBueno, yo sí me creo todo lo que te ha pasado; has tenido una teletransportación debajo del pino y seguramente el helado te lo ha dado alguien que te vio deshidratada por el susto de la velocidad en esa teletransportación.
ResponderEliminarMejor no digas nada; solo cuando te vayas a dormir mira a través de la ventana, por si acaso ellos siguen allá arriba.
Un besazo !!!