martes, 1 de septiembre de 2026

UN DÍA DISTINTO

 


Imagen subida de la red


Era recién amanecido cuando esta mañana salí a caminar. Me apetecía recibir en el rostro la brisa fresca del día que acababa de nacer. Creí que mi ocurrencia sería individual, pero para mi asombro llegamos un número considerable de caminantes que, a lo largo del recorrido perdí de vista. Nos adentramos en el camino que conduce al parque de los naranjos. Olía magníficamente a pesar de no ser época de floración, pero los frutos y las hojas siempre desprenden un aroma inconfundible.

Aún no estaba el día del todo brillante, aunque era reconocible el entorno a pesar de que algo extraño no encajaba del todo, era como si el sol no quisiera hacerse visible. Como si se resistiera a dejarse ver con claridad y no a causa de nubes ni nada parecido, sino que la luz no brillaba como de costumbre. Algo me decía que no se presentaba el día como me gustaría y el ánimo se me encogió. Mis pisadas dejaban una huella extraña, había barro rojo sin haber llovido ni ser tierra de ese color la que siempre hubo en el lugar.  De pronto escuché como un trueno muy desagradable y una luz muy intensa se posó ante mi mirada. Fue todo bastante extraño, más tarde y sin saber qué pasó, me encontré sentada bajo un pino que hay a cien metros y comiendo un helado de fresa. No me preguntes qué motivo me llevó allí y quién me dio el helado. Solo sé que ya era media mañana y que no recuerdo qué pasó.

En estas estaba, cuando recibo una llamada de mi familia preocupada por mi ausencia. Les contesto que estoy bien, que vuelvo enseguida y que tengo un reportaje en la cámara del móvil muy interesante. No les contaré que no sé como he hecho tanta foto rara, muy raras todas y que no sé que me ha pasado.

Y sí amigo lector, no te tomo el pelo ni he soñado mientras dormía. Ha ocurrido las fotos son el testigo, aunque tengo que deciros que mientras caminaba de vuelta, el teléfono se me ha escapado de las manos y se ha caído al barranco mientras lo cruzaba, así que no puedo mostrarte ni fotos, ni luces, ni helado porque ya me lo he comido. Lo siento mucho.

©Nani, septiembre 2026

4 comentarios:

  1. Nani, nos cuentas una historia enigmática...Ese trueno y esa luz llevaron a la protagonista a cierta inconsciencia, no sabía qué le había pasado...tierra roja, fotos extrañas...Lo cierto es que nos haces pensar en otras dimensiones, que andan cerca y a veces nos afectan, sin que nosotros nos enteremos...Muy interesante, amiga.
    Mi abrazo entrañable y admirado, amiga escritora.

    ResponderEliminar
  2. Yo te creo, hermana, jaajajaja

    Besos.

    ResponderEliminar
  3. jajajjajjaja, no te preocupes, sé que lo lamentas mucho. Genial, Nani. Besos

    ResponderEliminar
  4. Bueno, yo sí me creo todo lo que te ha pasado; has tenido una teletransportación debajo del pino y seguramente el helado te lo ha dado alguien que te vio deshidratada por el susto de la velocidad en esa teletransportación.
    Mejor no digas nada; solo cuando te vayas a dormir mira a través de la ventana, por si acaso ellos siguen allá arriba.
    Un besazo !!!

    ResponderEliminar