Fotografía de Miguel Trillo
Habíamos
quedado en hacer turismo fotográfico submarino con la idea de recopilar
material para montar un próximo documental. Lo llamábamos turismo para que nos
resultara más placentero el trabajo porque, aunque nos gustaba mucho nuestro trabajo
también implicaba algún riesgo y así nos hacíamos a la idea de estar en cierto
modo de vacaciones remuneradas.
Preparamos
con anticipación el equipo para no olvidar nada.
Sabíamos
que no podíamos desperdiciar los días en que los corales estaban en su máximo esplendor,
habitado por toda clase de fauna marina repleta de variedad y actividad.
Cada
uno de nosotros llevábamos una misión. Juan era el cámara y no podía perder detalle
alguno. Mario allanaba el camino provisto de iluminación y yo era el que estaba
pendiente de si surgía algún peligro, comunicar a mis compañeros el momento de
poner pies en polvorosa, mejor dicho, en nuestro caso las aletas nen dicho
lugar.
Llegado
el momento nos sumergimos tras ser llevados por un yate al arrecife y
comenzamos. Era un día de sol espléndido y fue un placer comenzar a grabar.
Cuando más entusiasmados estábamos nos dimos cuenta de que algo pasaba puesto
que los peces salían huyendo como alma que lleva el diablo. De pronto vimos unas
fauces que daban pavor. Estábamos ante un tiburón blanco. Mi amigo Juan se
envalentonó y siguió grabando. Yo comencé a buscar el arpón de defensa y
gracias a que a última hora cogí por si las moscas, unos botes de anestésico.
Necesitaría un litro por lo menos para atontar a semejante bicho. Le disparé la
primera dosis que rebotó en su tersa piel, pero creo que no le gustó el roce
porque en ese preciso momento y al percibir el impacto, se dio la vuelta y
desapareció por donde llegó. Después del susto que pasamos los tres, seguimos
nuestro trabajo porque ya se iba acercando la hora del almuerzo y las tripas
estaban llamando a degustar unos fabes con almejas, así que terminamos
satisfechos y deseosos de darnos un merecido homenaje. Después de todo no lo
habíamos ganado.
Nani,
febrero 2026
.jpg)
Os lo habíais ganado con toda seguridad.
ResponderEliminarBesos.
La verdad es que sí, Alfred.
EliminarBesicos muchos.
Que susto !!! Y sí "homenaje" muy merecido . Un abrazo
ResponderEliminarSiento el susto, Chelo y sí, se merecieron ese homenaje.
EliminarBesicos muchos.
Bien merecido ese homenaje.
ResponderEliminarFeliz semana nani
Un 🫂🤗😘💕
Así es Carmen. De vez en cuando todos merecemos un homenaje.
EliminarBesicos muchos.
Me pasa a mí y me da un infarto...
ResponderEliminarBesos.
Jajajaj, Xavi creo que si no fuera un relato, a mí también.
EliminarBesicos muchos.
En mis pagos no hay tiburones pero sí yacarés. Algo parecido me pasó de chico y al río jamás me volví a meter...
ResponderEliminarAbrazo agradecido, Nani.
Carlos, una experiencia semejante deja huella.
EliminarBesicos muchos.
Livraram-se de ser a refeição do tubarão.
ResponderEliminarAbraço de amizade.
Juvenal Nunes
Juvenal, bienvenido a esta tu casa.
EliminarSaludos.
Siempre original apreciada Nani. Qué manera de (supongo yo) crear una historia, hacer fantasía de una posible (por qué no) realidad. Me has divertido. Tu literatura posee ese efecto beneficioso. Gracias por bucear , aunque sea tan solo con las letras.
ResponderEliminarUn abrazo.
Agradecida siempre Teo. Si te ha divertido me doy por satisfecha.
EliminarBesicos muchos.
Mejor almorzar... a que te "almuercen" jejeje.
ResponderEliminarMuy bueno 👏🏼
Muchas gracias bonita.
EliminarBesicos muchos.
El susto no les quitó el hambre, menos mal :D
ResponderEliminarBesos, Nani!!!