viernes, 12 de noviembre de 2010

PAVOR NOCTURNO



Desde hace más de un año escucha unos ruidos que parecían insignificantes en apariencia, pero que cada día la mortifican más.

Cuando en el verano estuvieron con ella su hijo, su nuera y los niños, los escuchaba de vez en cuando, pero consiguió olvidarlos con las algarabías, los juegos y discusiones de los gemelos y su hermana, que a pesar de ser 14 meses mayor, se cree dueña y señora de ellos y con el poder de manipular hasta al gato de la vecina de enfrente. Siempre ha sido para su hijo “la princesa de los cabellos de azafrán” y ella una niña de cinco añitos, se lo ha creído y manipula a su padre y a sus hermanitos, que para eso son más pequeños organizando los juegos e idas y venidas de los gemelos. No les deja hacer nada sin su autorización con las consecuentes discusiones e incluso en más de una ocasión, alguna guantada sonora que a pesar de la diminuta mano, al impacto con la carita de alguno de sus hermanos, hace sonar y dejar marca, lloros, pataletas y el reclamo de padres, abuela y todo ser viviente en su entorno.

Esto es lo que había escuchado en los últimos meses y cuando llegaba a conciliar el sueño, después de todos los barullos organizados, los baños después de nadar en la piscina, las meriendas, los paseos en la alameda, las cenas unas veces de camino a casa y otras en la terracita o la cocina; cuando caía en la cama, no le daba tiempo ni de intentar recordar la mitad de las travesuras acontecidas y la innumerables alegrías que le producen los días de vacaciones en compañía de cinco criaturas que quiere hasta hacerla olvidar las goteras que afloran. Pero es distinto, ahora no están con ella y el silencio es mortal, se escucha hasta el aleteo de las pesadas moscas de otoño que se meten al caloncito del hogar, huyendo del fresco ambiente. Esas pesadas moscas que no la dejan gozar de esa buena novela que empezó antes de que ellos vinieran y que desea proseguir cuanto antes para llenar esos vacíos que se hacen cuesta arriba algunos días. Pero lo que más le molesta e incluso llega a asustarla, es cuando metida en la cama escucha ese ir y venir en el techo, que parece rozarle la frente y el cabello.

Sus hijos se empeñaron en este ático. “Mamá – le decían- , hay ascensores, no tienes ningún problema para subir y bajar, es soleado y tiene una preciosa terracita que da al mar donde puedes terminar el día como siempre te ha gustado. Ver ponerse el sol, bueno, acostarse mecido por las olas y acunado por las nanas de las sirenas, era lo que nos contabas de pequeños, por eso mismo hemos pensado que es el lugar idóneo para ti. Soleado y calentito para el invierno y acondicionado para el verano. Sí, quizá algo grande para ti solita pero eres tú la que quieres que pasemos algunos meses de verano contigo y ya somos cinco nosotros y cuatro cuando viene mi hermana con su familia”.

Al final la convencieron y ha estado feliz viviendo aquí, cuando eclipsada mira el mar. Siempre le recuerda y cree escuchar la sirena del barco cuando acercándose al puerto, la hacía sonar una, dos, tres veces y así hasta llegar a seis sonidos seguidos. De esta manera ella sabía que pasaba de largo, iba cerca o lejos o esa noche cenaría en casa y después, le contaría toda la travesía de varias semanas y… ¡qué pícaro llegó a ser! – pensaba-, cuando le anunciaba que debía esperarle vestida con aquel atuendo que tanto les gustaba y que le trajo de las islas; entonces hacía sonar las sirena siete veces y eran los chicos los que la avisaban por si no lo había escuchado bien. De todas maneras cuando tenía duda, optó por esperarle siempre preparada y esa decisión la relajó, tan solo una vez se equivocó y se metió en la cama con pena. Si hubiera sido en estos tiempos se hubieran llamado, pero entonces no había teléfonos móviles.

Por eso mismo no permitió que cambiaran sus muebles de siempre. Era verdad que le resultaba grande la cama, pero al mismo tiempo quería creer que aún le acompañaba e incluso le olía. Percibía su aroma y se sentía segura, sabía que de haber cambiado no hubiera conciliado el sueño, como ahora le pasaba, pero no era otra cosa que aquellos pasos que sonaban encima de su cabeza y que la intranquilizaban. Era aquel ir y venir que no le daban seguridad y si palpitaciones. No se consideraba una mujer asustadiza, pero… Debió enfrentarse sola a casi todo cuando él estaba en alta mar y nunca le amedrantó ninguna dificultad. Supo solucionar cualquier imprevisto, pero esto la estaba desquiciando en demasía. No se sentía vieja ni chocha. Sabía que ya no era treintañera y no estaba tan activa y ágil, pero tener 68 años no significaba ser una vieja inútil. Hace sus compras, va a nadar todos los días y al cine siempre que pasan una película interesante. Hace las tareas del hogar y si alguna vez le ayudan a hacer alguna limpieza general, acepta porque ellos se empeñan, aunque en el fondo lo agradece porque siempre pensó que la limpieza es una de las tareas más ingratas y además, de esa manera le queda más tiempo para pasear, leer y hacer esas cosas imprevistas que nunca creyó haría. No se le pasó por la mente ni una sola vez que expondría de nuevo y viajaría tanto. Se sentía bien a pesar de echarle mucho de menos, pero también estaba haciendo muchas cosas que en su día dejó aparcadas y eso la confortaba.

En esos pensamientos está cuando de nuevo escucha esas idas y venidas del techo y da un respingo que la sienta en la cama. El ruido esta vez ha sido más intenso y las palpitaciones se aceleran.

Mañana avisaré al portero –se dice en voz baja para sentirse acompañada pero sin ser del todo conciente. Le diré que algo sucede ahí arriba todas las noches. Por otra parte, piensa que la puede tomar por una señora maniática y tonta, como comentan de la señora del cuarto derecha. Aunque esa señora está demostrado que ha perdido un poco la cordura y con la vejez se acentuó.

De nuevo se acurruca entre las sábanas y decide que cuando se levante hará lo que mejor aconseje el nuevo día y la lucidez después del descanso, ahora todo se hace más grande con la oscuridad y el cansancio. Pero sigue pensando que no le gustan esos ruidos. Se pregunta como es posible que cuando ellos estuvieron en casa, se olvidara del problema. Ahora no quiere llamarles ni inquietarles, pero se ha sumado a la preocupación una mancha de humedad o algo así parece ser, que le ha salido al techo de la cocina y cada día crece más e incluso, se descascarilla de manera galopante. Decide que no espera más de dos días, si todo sigue igual, avisará a un albañil y todo se solucionará, porque arreglará la humedad que seguro se ha producido con el movimiento de alguna teja y las primeras lluvias, además, ya tendrá que investigar que es lo que producen esos galopes de la noche.

Con esa conformidad el sueño la vence, aunque no es lo suficientemente reparador, porque cuando se levanta se nota algo cansada y recuerda haber soñado que en su tejado vivía un ser maligno de ojos enrojecidos y colmillos sanguinolentos. Se sonríe pensando que nunca le han dado miedo las películas o novelas de ese género, pero algo la estremece al recordar la preocupación que le producen los alborotos nocturnos de los últimos meses.

Escucha sentada en el filo de la cama y ahora con la luz del día todo parece normal. Las palomas saltando de un lado a otro, posándose en las terracitas y más tarde, en el tejado y balcones. Se acerca a la ventana, sube la persiana y observa como unos pichones se arrullan con el despertar de un radiante sol que se apunta ya con un esplendido despertar. Piensa acostarse de nuevo porque se nota cansada y con la ventana entre abierta y la persiana subida descansaría algo más, pero recuerda que debe pasar por la casa de la cultura donde le han propuesto colaborar en un taller de manualidades y deben ultimar los horarios.

Cansada se mete en la ducha y mientras se arregla, enciende la pequeña radio que hay mezclada con los tarros y cremas. Le gusta saber como se quita las legañas el mundo y la música que después sigue en la programación, ya que es casi siempre de su gusto y le hace sentirse más activa y feliz.

Recoge su dormitorio, deja puesta la lavadora y bolso en mano, sale a hacer sus gestiones matinales, intentando olvidar que es lo que la tiene un poco maltrecha.

Al volver a casa, saluda al portero y piensa que es el momento de comentarle su problema. Este sube con ella en el ascensor solícito como siempre. Entran en la cocina y observan la gran humedad y como la pintura se desprende y cuelga por algunos lados. Comenta que va a ir por una escalera para poder asegurarse del tipo de impregnación que produce esa descomunal mancha y mientras, ella aprovecha para preparar una cafetera y tomar unos sorbitos calientes junto al portero, mientras deciden que solución dar al problema.

Cuando este se sube en la escalera y con la mano toca lo que parece el centro de la humedad, un ligero desprendimiento deja un agujero de unos ocho centímetros. Sorprendido y curioso se sube al último peldaño y posa su ojo izquierdo en la abertura producida y al instante se retira con un grito que casi le hace caer de la escalera. La mujer grita al mismo tiempo y sujeta la escalera para que no caiga el portero. Este baja como poseso y dice que alguien hay mirando. Con miedo ella mira hacia arriba y ve que un ojo brilla y les mira. Sin poderlo evitar se agarra con fuerza al hombre, tiembla y se siente a punto del desmayo. El hombre suelta una carcajada y dice que están sacando de quicio las cosas, que no puede haber nadie arriba y que por supuesto va a mirar el tejado. Ella con el pavor que le ha producido los días de insomnio y lo visto en los minutos últimos, le agarra y dice de forma atropellada que no vaya, que hay alguien que les van a hacer daño y que debe ir con alguien más. El hombre la mira con una sonrisa, dice que en el tejado no puede haber nadie y sale del domicilio. Ella tiembla y sale tras el hombre pero se queda en la entrada, no es capaz de ir más lejos y tampoco de entrar de nuevo en su casa.

Pasa un rato que a la mujer le parece interminable, cuando el portero aparece trayendo un gatito en sus brazos y le dice: “Señora, este es uno de los inquilinos del tejado y el que nos miraba desde el agujero. El muy travieso estaba con su patita haciendo el agujero más grande y le he cogido in situ. Hay una camada de prendas iguales y la gata madre me ha retado, pero no ha podido evitar que me quede con este truhán. Usted me dirá que hago con esta fierecita, a por el resto subiré con mi hijo y unas jaulas para llevarlos a un veterinario amigo nuestro. Arreglaremos las tejas y el techo si yo mismo puedo hacerlo, de lo contrario, llamaremos a un albañil, pintaremos y todo solucionado”.

Para cuando el hombre termina de hablar, la mujer y el felino ya son amigos, ella sonríe y piensa que en adelante, no volverá a dejar que su imaginación corra con tanta velocidad.

Nani, Noviembre 2010.

23 comentarios:

  1. El gato en el tejado!

    Oh sí que sí, la combinación de noche, oscuridad, sonidos extraños e imaginación...son un cóctel de pavor!

    Muy buena descripción, Nani! ¿Será que todos nuestros miedos y fantasmas, salen a la superficie cuando se dan las condiciones adecuadas? Probablemente. Y así como llegan, los negamos a la luz del sol.

    No te negaré Amiga, que las adolescentes lecturas de Poe, alguna vez me hicieron temblar por las noches. (Y aún ahora, cuando desconozco de dónde proviene algún ruido)

    Y vale, que en un ratito me voy a dormir! Y espero no tener que volver mañana a contarte algún episodio! Por estos lados, la primavera tiene a todos los gatitos del barrio, enamorados y activos en los techos!

    Abrazos y besicos a mogollón mi Reina, y que "tengas buenas nochessssssss"

    ResponderEliminar
  2. Todos hemos tenido algún episodio de terror-pánico alguna vez en nuestra vida.
    La noche tiene algo que nos hace brotar nuestros miedos más profundos, y a veces,desconocidos.
    Me gusta mucho la forma que tienes de contar las cosas, Nani. Siempre te lo digo. Se notan historias en primera persona, cercanas, familiares... me hacen soñar.
    Un bsito.

    Ayla

    ResponderEliminar
  3. ¡Menos mal que era un gato!

    Tienes tal maestría relatando, decribes también hasta el último detalle, que se mete una en la historia sin querer. Claro que, eso sólo lo saben hacer las personas que dominan las letras bien y, en eso, Nani eres una absoluta maestra.

    Los miedos que tenemos encerrados que salen de las formas más diferentes.

    Una preciosidad, niña.
    Muchos besicos.

    ResponderEliminar
  4. Y bueno, la verdad es que ya extrañaba leer algo tuyo así de largo.

    ResponderEliminar
  5. Delicioso relato que me ha mantenido en vilooooo,en vilo bonita,vamos que por este lado ya iba yo imaginando cualquier cantidad de cosas,la oscuridad no es amiga de la tranquilidad,todo parece duplicarse,el caso es que me la he pasado muy bien leyéndote,un desenlace feliz que nos recuerda que la imanación es febril si no ponemos coto.
    Más abrazos y besicos a mogollón .....a montón para alejar cualquier perturbación.

    Alivioooo!

    ResponderEliminar
  6. anda!!! genial esto..bravo!!! se nota lo que me gusto!!!

    ResponderEliminar
  7. Ternura. Es lo que me despierta el feeling gato-mujer. Se dice, se comenta, se rumorea, que los gatos se comen las malas vibraciones. Que por eso son habituales los casos de señoras solas que viven con felinos. Sea como fuere, tengo claras dos cosas: que es estupendo tener letras nuevas en tu virtual hogar y que por la Noche la gente se ríe más. Y tiene más angustia. Y más pena. Pero sólo hay que mirar la genealogía. Eso sí está escrito.

    Besos, artista y madre de artista

    ResponderEliminar
  8. Un relato que da miedo y uno sufre con la pobre mujer. Luego descubrimos lo que nuestra imaginación hace con nuestros miedos. Lo del ojo casi me hace saltar por la sorpresa, pues uno lo imagina. Muy bueno. saludos

    ResponderEliminar
  9. de un tirón y hasta el final, que me has intrigado... de los gatos no hay que fiarse, te buscan cuando les interesa y agarrarlos puedes si son pequeños , pero los adultos, hasta asustarte pueden.
    Por fin!!!te leo a la vuelta, que ya tenía yo ganas

    ResponderEliminar
  10. Ese tipo de episodios los hemos tenido todos alguna vez...así que entiendo perfectamente a la mujer! Y más, teniendo tres gatos en casa como tengo! Jajajaja!

    En serio, me ha encantado el relato!

    1 besazo!

    ResponderEliminar
  11. Ains! ¡Intrigaica! Deseando llegar al final para saber qué era y con mieeedooooo que terminara la historia. Pues si, me ha gustado, muuucho.Un placer leerte preciosa. Abracicos

    ResponderEliminar
  12. No hay mal que por bien no venga.
    Seguro que ahora adopta a la familia de gatos.
    Besos, querida Nani

    ResponderEliminar
  13. Vaya con el gatito.
    Nani: me ha mantenido con interés este relato hasta que se ha terminado, como una película de in triga.
    Muy distraído.

    ResponderEliminar
  14. Mezclar gatos, tejados y noches siempre da un relato de, por lo menos, escalofríos jejeje

    Besicos

    ResponderEliminar
  15. Es lo que tenemos las creativas...que tanto tanto crear, al final, hasta nos invetamos la vida... ¡qué divertido eh! subidón de adrenalina que se pegó la señora con el casero; para la segunda parte le haces a los protas que se desinhiban y descarguen la adrenalina acumulada y podrás mandar el relato al blog de PALABRAS COMO LABIOS...jajajajaja...

    En fin, guapa, me ha gustado mucho; muy bien redactado y con enganche...

    MUÁ MUÁ MUÁ MAMÁ...JEJEJE

    ResponderEliminar
  16. Veo que sigues en forma, y con textos estupendos. Se te echaba de menos, Nani. Besos.

    ResponderEliminar
  17. Nani, es un relato lleno de vida y de verdad. Soledad, miedos a lo desconocido, compañía, tránsitos por el mundo interior de la protagonista. Tiene muchas cosas.

    Me gusta que la protagonista sea capaz de realizar tantas cosas de la vida cotidiana. Por experiencia se, que no siempre es así.

    ResponderEliminar
  18. De relato de terror -con un tono realista y muy cotidiano que acentúa la extrañeza de lo inesperado- pasas a una historia sencilla, con humor y humana, muy en tu línea, en tu buena línea.

    ResponderEliminar
  19. No me contagies amiga, no me contagies al miedo eh? Esa imaginación la llevas a la letra, pero se me hace que la cocinas mientras estás cocinando.
    Bien la historia. Y un gato.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
  20. Guau! Que bien sabes mezclar lo cotidiano con la fantasía y lo espiritual con lo mundano. Me ha encantado. Ella pensando que se volvía un poco tarumba y echando de menos a su marido, relacionandolo con su miedo. Yo pensando que era el espíritu de su marido, que como era marinero, creaba esas humedades en el techo. Y que va, era un gatito.
    Y es que descubrir la realidad, pidiendo ayuda si te sobrepasa, es encontrarte con que la mayoría de los miedos son cositas adorables con las que puedes jugar.

    Precioso. Un beso juerte!!!

    ResponderEliminar
  21. Se nota que tienes alas...! escribes desde el alma..felicitaciones. Eliana

    te a seguir mi blog.
    farmaciaparaelalma.com

    ResponderEliminar
  22. Como me ha sorprendido el final, el tierno final. Yo me hubiera quedado con todos.
    Vas creando una atmófera de tensión desde el principio que va en crescendo a medida que avanza la lectura. La imaginación se me hizo dueña y miles de posibilidades pasaron por ella...menos la verdadera.

    Me ha encantado.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  23. Leí una vez un cuento de Poe que hablaba de un gato... y bueno, me lo has traído de nuevo a la mente... qué miedo!! Jajaja!!!

    Un besazooo y muchas gracias por pasar a felicitarme :)

    ResponderEliminar

LA PUERTA ABIERTA Y LA LUZ TENUE